Los libros de historia dirán que un caluroso viernes 26 de enero de 2024, a las 21.15, Independiente Rivadavia cumplió su sueño. En ese preciso momento, cuando el árbitro Fernando Rapallini marcó el inicio del partido ante Independiente de Avellaneda, se terminaron cuatro décadas de espera para ver a la Lepra en Primera División. Por eso el Gargantini y sus inmediaciones fueron una verdadera fiesta desde varias horas antes del encuentro.

Más de 24.000 fanáticos coparon el estadio y contagiaron a su equipo, que fue superior en la primera etapa. Matías Reali fue el abanderado, demostrando por qué San Lorenzo lo buscó hasta último momento. Con su gambeta y velocidad, complicó a la defensa visitante, que no hacía pie. Por derecha, principalmente, el 10 azul mostró el camino y generó peligro cuando se lo propuso.

Mientras el Rojo recurría a faltas (a los diez minutos ya tenía dos jugadores amonestados), a la Lepra le faltó peso ofensivo. Porque el protagonismo que tuvo Reali en esos minutos iniciales fue el que le faltó al paraguayo Alex Arce, con poca participación en el juego. Por eso las chances llegaron desde la media distancia (un disparo cruzado lde Juan Manuel Vázquez obligó a una gran intervención de Rodrigo Rey) y la pelota parada (un anticipo de Emanuel Mas tras un corner hizo lucir al arquero visitante).

Del visitante, poco y nada. Un par de centros cruzados que no llevaron mayor peligro y un cabezazo de Joaquín Laso resuelto sin mayores dificulates por Gonzalo Marinelli fue lo poco que pudo generar Independiente, provocando el fastidio de Carlos Tevez, que metió mano en el entretiempo y los resultados llegaron inmediatamente. Antes de los tres minutos, en un gran contra con asistencia del ingresado Santiago Tolosa, Aryton Costa se encontró solo ante el arquero local y no falló.

Fueron diez minutos de desconcierto del equipo de Rodolfo de Paoli, que sintió el impacto. Hasta que Reali se encendió y volvió a complicar a la defensa visitante. El partido se equilibró, De Paoli llenó de delanteros la cancha pero las más claras fueron para el Rojo, que no pudo liquidar porque Gabriel Ávalos perdonó las que no acostumbra a perdonar.

Reali se vació, la gente empujó pero no alcanzó. Aunque, al menos esta vez, el resultado no fue lo más importante. Porque Independiente Rivadavia un día volvió al fútbol grande del país y, pese a la derrota, el pueblo azul tuvo, tiene y tendrá muchos motivos para celebrar.