Primeros días de mayo de este año.Hacía cuatro partidos que Godoy Cruz no ganaba, los de atrás acechaban y los tucumanos se escapaban. El encuentro era en Mar del Plata y el rival, Aldosivi. Ese día, en las habitaciones de los jugadores tombinos aparecieron unos carteles con frases para cada integrante del equipo. El mensaje para David Ramírez decía algo así: “Aquí descansa el Mago Ramírez. Próxima función, sábado, 15 horas”. La idea era motivar al plantel bodeguero de cara a un partido que podía ser clave.
Y lo fue. Porque el Expreso ganó esa tarde 3 a 2, porque hubo función del Mago y porque después se encadenaron dos victorias más (Talleres de Córdoba e Independiente Rivadavia) para sumar nueve puntos que hicieron despegar al Tomba y depositarlo casi en la primera división del fútbol argentino. “Esos carteles fueron alientos del cuerpo técnico, con lo nos mostraron la confianza que nos tenían y nos quisieron motivar. Fue muy lindo. También tuvimos una charla, sabíamos que estábamos para mucho más. Gracias a Dios, ese partido se pudo levantar, sumar otra vez y ahí arrancar hasta el final”, recuerda Ramírez, ya ascendido, ya tranquilo.
¿Llegaste al Tomba con la idea de ascender?
Cuando llegué conocía al Chiqui Solana y al Indio Moreyra, que lo había enfrentado, y a nadie más. Como no había tantos nombres, no sabía para qué íbamos a estar. Me llevé por los partidos de pretemporada, que siempre son malos, y dije chau, acá estamos al horno. Pero después de la primera fecha me di cuenta de que teníamos equipo para pelear como cualquiera.
¿Para pelear como cualquiera por un ascenso?
Antes de que terminara la primera mitad del torneo, yo ya pensaba que teníamos equipo para pelear arriba. No hicimos unos buenos primeros seis meses, pero yo estaba convencido de que íbamos a pelear entre los primeros cuatro, no creí que íbamos a estar por el ascenso directo pero sí por una promoción.
¿Cómo vivieron el partido con San Martín?
Fue un regalo que nos hicimos a nosotros mismos. Veníamos mal por estos últimos dos partidos que no pudimos ganar, nos quedamos con el grito ahí. Pero tuvimos un triunfo y jugando bien quedamos muy contentos.
¿Y ahora piensan en el título o ya tiene la mente puesta en primera división?
El primer objetivo y principal era ascender. Si se le gana a Nueva Chicago, bien. Y si no, no importa. El tema es estar en Primera y ya estamos. Vamos a ir a ganar como siempre. San Martín va a tener esa obligación, porque Rafaela todavía tiene chances de jugar la promoción. Pero creo que a San Martín no se le escapa.
El plantel tiene fama de muy cabulero.¿Vos te prendés en alguna cábala?
Oldrá y todo el cuerpo técnico son terribles. Mis compañeros también. “No hagamos esto porque el otro día no lo hicimos”, y así. Yo no creo en esas cosas. No le doy mucha bolilla. Si perdemos, es porque fuimos un desastre o no tuvimos suerte, no porque no me puse los cordones negros (risas).
¿En lo personal, qué balance hacés?
Me voy contento. El año pasado, sin haber tenido una pretemporada, jugaba un partido, dos no, me lesionaba. Terminé jugando bien, salvo en el último partido con Chicago, en el que fui un desastre. Después me empecé a sentir muy bien hasta lo de la lesión, el asalto, eso me mató un poco de la cabeza. A partir de entonces me costó volver hasta este último partido. Cuando se refiere al asalto habla sobre el día que robaron los sueldos de los jugadores mientras esperaban cobrar. Esa experiencia influye a la hora de opinar sobre Mendoza. “Esta provincia me encantó, pero después del asalto me dieron ganar de irme. Ni siquiera en Buenos Aires viví algo así y estuve cinco años allá. Después del asalto, empecé a prestarle atención a los noticieros y es terrible. En ese momento tuve ganas de irme. Ahora, como que me tranquilicé”.
