En Santa Fe, Godoy Cruz demostró que quiere seguir con vida. Tiene signos vitales, surgió el orgullo, el amor propio de los jugadores, esa sensación de decir “si nos sacan de la cancha, que sea por estar lesionados”, como fue el caso Dutari. Hubo una grandísima diferencia entre ese simulacro de equipo que se vio en Victoria ante Tigre y este equipo que pudo haber ganado en el siempre complicado Cementerio de los Elefantes. Después de la derrota ante el Matador, el entrenador Diego Cocca fue sincero y dijo que necesitaba refuerzos.
El plantel lo aceptó, no les quedó otra. Entre semana, el DT realizó prácticas de tres y cuatro horas, con un calor que pegaba duro, algo que también empezó a producir malestar en los jugadores, acostumbrados a entrenamientos más cortos. Encima, como para poner el ambiente más caldeado, Cocca salió a decir que no tenía jugadores de prestigio, esos que pegan el salto de calidad y hacen de un equipo cualquiera uno de primera.Otra declaración que volvió a caer pesada entre sus dirigidos. Estas circunstancias llevaron a que el viernes a la noche, jugadores y cuerpo técnico tuvieran una charla en la cual, según palabras del propio Cocca, “se sacaron la careta”.
Los jugadores, sin querer dar detalles, comentaron que fue una charla “intensa”, “útil”, “positiva”. Cocca planteó sus inquietudes y los jugadores las de ellos. Se habló de frente, sin esconder nada, y sólo las paredes guardan todo lo que se dijo. Lo importante es que, después de esa charla, y como graficó Iván Borghello, sintieron un cambio, hubo un clic. El Tomba se paró a pelear de igual a igual el juego a Colón. De atrás para adelante, se puede decir que Nelson Ibáñez no tuvo una tarde muy complicada, pero cuando le tocó intervenir, el Loco sacó unas bolas clave, sobre todo en el comienzo del segundo tiempo, cuando le tapó un cabezazo y un zurdazo a Ramírez.
En el fondo, Leonardo Sigali estuvo implacable, cortó todo y no dejó jugar cómodo al Bichi Fuertes, un goleador temible. Pancho Dutari también cumplió pero se fue lesionado.Guillermo Franco entró muy bien en juego, cuando el estadio era una caldera, y no desentonó. Por los laterales, Gabriel Vallés combinó momentos malos y buenos y Lautaro Formica fue de menor a mayor. Pero todos aprobaron y consiguieron terminar con la valla en cero.Un gran logro. Nicolás Olmedo se comió el medio de la cancha con recuperación, buena distribución y yendo al frente hasta el minuto final.
Ariel Rojas acompañó, sin brillar pero con prolijidad.Martín Aguirre no pudo ir y venir a gusto por la banda derecha y Víctor Figueroa condujo al equipo desde la izquierda, aunque tuvo dos chances clarísimas que desperdició. Arriba, Iván Borghello jugó el peor partido desde que está en Godoy Cruz. Erró dos mano a mano, impreciso, atolondrado.Leandro Caruso, aunque no tuvo una sola oportunidad de pegarle al arco, pivoteó, bancó la bola en todas partes y ayudó a tener el control que pregona el DT.
Así, con picos altos en la columna vertebral del equipo (Ibáñez, Sigali y Olmedo), el Expreso fue dueño del partido en muchos momentos y tuvo que haber ganado. Pero cuando no tenés un definidor, todo se hace muy complicado. En el primer tiempo, Figueroa quedó solo contra Diego Pozo, con mucho tiempo para definir. El Negro optó por gambetear al arquero pero Pozo se avivó y se quedó con la bola. Después, Borghello también estuvo solo contra el ex arquero tombino y la tiró afuera de manera inexplicable. Si uno ve esa jugada en la televisión, quizás sea gol.
De no creer. En el complemento, otra vez Borghello y otra vez Figueroa se encontraron de frente con Pozo. El Memo se la tiró a las manos, apurado, y el Negro la tiró al lado de un palo, afuera. Cuatro jugadas mano a mano generó el Expreso. No metió ninguna. Un lujo que no se puede dar. Faltan conceptos fundamentales que cualquier jugador aprendió de chico cuando el abuelo o el viejo o el tío o el hermano mayor les enseñó a definir. Tranquilidad, levantar la cabeza, mirar al arquero, elegir un palo, no sacarse la pelota de encina.
El Flaco Menotti simplificó el arte de definir con una síntesis poética. “Definir es darle un pase a la red”, dijo alguna vez. A Godoy Cruz le faltó eso, nada más que eso para llevarse tres puntos de Santa Fe. Darle un pase a la red. Cocca se fue conforme por cómo se empató. Quedó el gusto amargo porque era un partido ganable, mérito mendocino y fallas santafesinas mediante. Pero, dejando de lado el punto, el panorama muestra una leve sensación de optimismo, muy leve,pero optimista al fin.
Esa charla parece haber hecho renacer a varios jugadores. Habrá que esperar que el espejismo no pase y que en Mendoza, ante Estudiantes, se confirme eso que dijeron los jugadores. Eso de que todos juntos van a sacar del fondo al Expreso.Por ellos y por su amor propio, ese fuego sagrado que por ahora sólo se consigue en lo más profundo del corazón y no se compra en ningún mercado de ofertas.
