El libro “Cicatrices de la vida”, que cuenta parte de la vida de la boxeadora Yésica Marcos, escrito por el periodista Roberto Suárez fue presentado en el auditorio central del Templo del Vino, en el Parque Agnesi, de la Municipalidad de San Martín.

Con la presencia del autor y de Yésica estuvieron también el intendente de San Martín, Raúl Rufeil, junto a funcionarios provinciales y departamentales.

Roberto Suárez explicó el contenido de la obra y los sucesos que lo llevaron a escribir “cuando me enteré de la miseria que estaba pasando la boxeadora, ex campeona del mundo, que se encontraba viviendo al borde de la indigencia”.

Ver también: De la cima del boxeo a vivir en una casa de nailon: la dura vida de la campeona Yésica Marcos

Y dice en el libro: “Las crónicas de los medios se ocuparon del penoso pasar de Yésica, quien después de haber tocado el cielo con las manos, se encontraba en el peor momento de su vida, en el mismo lugar en el que empezó: el de la pobreza, el de la necesidad absoluta de pedir socorro”.

Yésica habló y dijo: “Yo fui culpable de lo que pasó y por problemas de deudas tuve que vender la casita que tenía. Gracias a Dios tengo la fortaleza para levantarme, sigo siendo la Yésica que nunca se da por vencida”.

El autor aclaró que la totalidad del producido por la venta ($ 800 cada libro) y los derechos de autor, serán destinados a Yésica Marcos.

El primero que colaboró fue el club Gimnasia y Esgrima con su presidente Fernando Porretta que aportó 30 mil pesos para comprar 37 libros. Esos ejemplares fueron donados al Círculo de Periodistas Deportivos, para ser distribuidos entre sus asociados.

El libro impreso por Ediciones Culturales Mendoza con el apoyo del Gobierno de Mendoza, contiene los prólogos de los periodistas Osvaldo Príncipi y Fabián Galdi y cuenta con el patrocino del Círculo de Periodistas Deportivos de Mendoza.

Además, el municipio de San Martín, junto al gobierno provincial se han comprometido a conseguirle una casa en donde viva Yésica y un lugar que sirva de gimnasio para que pueda desempeñar su tarea enseñando box.

Entre tantas cicatrices que tiene la vida de la boxeadora, el viernes en San Martín, no recibió ni golpes, ni tajos y fue un mediodía con caricias para su sufrida persona.