Arropado por un verde follaje, se encuentra Rakotzbrücke, un puente delicadamente circular, el cual se fusiona con las tranquilas aguas debajo para crear un redondel perfecto.

A este tipo de arquitecturas se les llamaba “puentes del diablo”, ya que eran tan precarios o milagrosos, que sólo podrían haber sido construidos por el príncipe de las tinieblas. A pesar de ser un mito, los constructores del puente sí pusieron una mayor atención a la estética del puente que a su utilidad, haciendo de su cruce una peligrosa faena.

Este puente infinito con más de 150 años de antigüedad, crea esta mágica ilusión sin importar el punto desde el cual se observe.