Curvas: entrar y salir de ellas

Cambiá de desarrollo antes de entrar en la curva: ponte en pie, da dos o tres pedaleadas rápidas y volvé a sentarte para continuar con tu ritmo, bajá uno o dos piñones para mantener esa velocidad a una cadencia más relajada.

Hacé la prueba en un circuito corto con curvas cerradas: mirá tus tiempos haciendo el recorrido siempre sentado y con el mismo desarrollo. Luego tomá tu crono saliendo de las curvas pedaleando de pie, notarás que prácticamente con el mismo esfuerzo rebajarás unos diez segundos.

 

No abusés del freno delantero en las curvas: el freno delantero es el que realmente detiene la bici, pero dentro de la curva ya no es momento de tocarlo. En caso de que entres con exceso de velocidad, ajustá el ritmo suavemente con el freno trasero.  

Elegí el camino seguro

Dale información a tu cerebro y mirá con frecuencia 20 o 30 metros por delante, optá siempre la zona del camino que más seguridad te genere.

Antes de llegar ya tenés que saber cuál será el lugar por el que afrontarás la zona técnica, es una habilidad que también se entrena.

Te proponemos un ejemplo visual de una situación muy típica con una zona de paso complicado, en la que la toma de una buena decisión implica pasar sin perder tiempo respecto a nuestras capacidades.

 

Lado izquierdo: en este caso es la zona más fáci y lenta. Esa zona obliga a frenar demasiado, porque aunque el sendero no tiene obstáculos, describe un codo doble muy fuerte que nos hará parar casi en seco.

Zona central: los más hábiles y confiados pasarán casi sin accionar los frenos y por la línea más recta casi sin tocar las piedras, saliendo del tramo como si nada. Esto sólo se puede hacer pasando a alta velocidad, porque si dudas y desaceleras, la bici se meterá entre los huecos de las piedras y quedará atrapada.

Zona derecha: para este caso es la más adecuada como elección más rápida y segura. La zona es más abierta y el nivel de dificultad es bastante bajo, por la ausencia de grandes obstáculos.