Soy caprichosa para vestirme, y cuando me fanatizo con algo lo uso hasta haberle sacado el jugo.

Según mi hermano menor, cuando un tema musical realmente te llega hay que escucharlo pocas veces. El sabe que si abusa de ese tema se va a saturar y ya no lo va a disfrutar como antes, y al estar tan fascinado por el tema no pude vislumbrar un futuro sin la compañía de esa melodía.

Trato de aplicar esa filosofía a mi relación con la ropa, pero como les decía, soy caprichosa y me cuesta medirme, y más cuando hace tanto frío. En mi cabecita está la ilusión de que mi relación con esa remera o ese sweater sea amor eterno, y de última lo archivo y la revivo el año que viene. Al final “siempre se vuelve al primer amor”.

Hoy estoy apegada a una remera de algodón con un diseño muy yanki, la manga raglán de color. Se convirtió en esa remera de algodón que uso para dormir y que a la mañana siguiente me la dejo puesta, porque está calentita y su algodón es tan suave.

La otra prenda que me tiene de rehén es un sweater de lana esponjosa y muy “cozy” (reconfortante) de colores pasteles con el fondo negro. Además de sentirme un osito cariñoso cuando me lo pongo, me encanta que tenga un poco de lila y de naranja, colores que hacen falta en mi placard (ya me ocuparé de remediar esto). 

Remera manga ranglán: Alló Martinez

Jean: adidas originals (así es, adidas tiene jeans) 

Sweater de lana: Vanesa Krongold

Jean negro: Ayres