Una varita mágica, una lámpara maravillosa, una pestaña que se cae…muchos objetos y situaciones se usan para pedir deseos. Algunos remiten al mundo infantil pero también hay novelas para adultos, como La piel de zapa, de Balzac que exploran ese universo. Pedir algo y que se cumpla, mover la nariz y resolver.
En estos días se están escuchando muchos comentarios sobre inteligencia artificial. La radio habla de centros de datos, de consumo de energía, de la necesidad de cantidades astronómicas de agua para el enfriamiento de los equipos y hasta de demandas de vecinos de Michigan por las molestias sonoras que producen los sitios donde se procesa toda esa información. Unas declaraciones de Elon Musk subieron aún más la vara: dijo en un reportaje algo de ubicar esos centros fuera de la atmósfera porque las temperaturas son más bajas y además se puede aprovechar perfectamente la energía solar con paneles. Todo suena cada vez más a ciencia ficción, a cosa escrita en una novela donde se imagina un futuro utópico o distópico, según la percepción que se tenga de ese porvenir. Pero no es literatura, se habla de emplazar esos centros en el término de tres años.
Más allá del asombro, muchas personas de distintas edades y actividades usamos hoy la IA, como una herramienta, una ayuda para las tareas cotidianas. Y además se eligen diferentes plataformas: “yo uso Claude, la llamo Claudia, ¡es casi mi amiga!”, “a mí me gusta NotebookLM, porque me permite subirle las fuentes de donde recabar info”, “el chat GPT nunca me abandona, me dice qué tengo que hacer cuando me sale un sarpullido y no sé si usar una crema u otra”, “yo uso DOLA, es la IA de Tik Tok, me explica los cuentos que me dan a leer en la escuela cuando no los entiendo bien” dice una chica de trece años, “hace poco estuve en un congreso imágenes de cardiología y la gran mayoría de las diapositivas que presentaban estaban hechas con IA, con colores llamativos, ayuda mucho”, comenta una cardióloga. “¡Es mi mano derecha!” “Igual tenés que tener cuidado porque a veces te manda fruta, la IA no sabe decir «no sé»”. Es cierto, la IA jamás te deja sin respuesta. Su premisa es cumplir con lo que se le pide y, además, se dirige a nosotros con el mismo lenguaje con el que le hablamos, es amable, cordial y siempre está ofreciendo algo más. Si alguien le pide “haceme un resumen de los acontecimientos políticos más importantes de 1930”, te responde y luego ¿Querés que te arme un gráfico con los datos? O ¿Te gustaría que profundice alguno de los hechos? De pronto nos encontramos con que muchas palabras nuevas, se nos convierten en un léxico cotidiano: prompt –la serie de instrucciones que se da a la IA, decirle lo que necesitamos-, asertividad, token…
A propósito de todo esto recordé un par de situaciones que se relacionan directamente –o no tanto- con esta nueva realidad. La primera se trata de un chiste que salió publicado: dos nenes conversan:
ꟷ Le pedí a mi papá la PlayStation 5 para mi cumple y él me trajo un juego de cinco autitos de colección.
ꟷ ¡Se ve que no hiciste bien el prompt!”.
El otro momento que vino a mi cabeza se refiere a un hombre que tenía tres hijas y solía decir que, cuando soplaba las velitas o miraba la luna nueva, nunca le quedaba ningún deseo propio para él, siempre pedía uno para cada una.
Una canción de Calamaro dice en una parte “hay un deseo que pido siempre que pasa un tren”, hay personas que se vuelven especialistas en pedir un deseo que incluya muchos anhelos, aprendieron a ser asertivos y en un solo pedido incluyen salud, dinero y amor.
El nuevo genio a quien pedirle está escondido detrás de la estrellita de Gemini o el círculo hueco con líneas curvas del Chat GPT. Ya no hay que frotar ninguna lámpara. Sólo es cuestión de saber pedir.
