La frase que da título al video, “Es re de groncha”, se repite como una muletilla mientras enumeran una lista de características que, según ellas, definen este estereotipo “mersa, grasa, tosco, sin delicadeza o refinamiento”.
El flequillo que llega hasta las cejas, vestirse de negro, compartir un mismo vaso en una salida nocturna, tener un tatuaje de una flor en el hombro o ser hincha de River Plate son algunas de las costumbres señaladas.
El video no tardó en encender las redes. Numerosos usuarios, sin dudar, etiquetaron a las jóvenes como “millipillis”, término que desde hace años se utiliza en la jerga argentina para referirse a chicas jóvenes, generalmente de clase alta, con nombres como Milagros o Pilar.
Según el imaginario popular, las “millipillis” suelen vivir en barrios cerrados o countries, tienen acceso a bienes y servicios privilegiados y se relacionan casi exclusivamente con personas de su misma condición socioeconómica.
Las acusaciones de clasismo y discriminación coparon los comentarios, con usuarios señalando que las jóvenes no tenían derecho a denostar las costumbres de sectores menos favorecidos. Sin embargo, lo que parecía ser un claro caso de desprecio social escondía un giro inesperado.
En una observación más detenida del video, algunos usuarios descubrieron un detalle que pasó inadvertido para la mayoría: cada característica mencionada como “de groncha” era, en realidad, una descripción de las propias protagonistas.
El video, lejos de ser un manifiesto clasista, resultó ser una parodia elaborada. Las protagonistas se burlaban no de los “gronchas”, sino de quienes, desde un pedestal de superioridad, se dedican a etiquetar y segregar a otros por su aspecto o costumbres. De este modo, el “Es re de groncha” no solo se convirtió en una ironía inteligente, sino en un espejo que reflejó el absurdo de los prejuicios sociales.
Con información de Infocielo / redes sociales
