Luego de una última ficción donde retrató a una madre –Érica Rivas como una mujer en problemas, separada con hijos–, esta cineasta y guionista argentina incursiona en una dinámica de dos que conoce bien por haber transitado dieciocho años en pareja en la vida real. Pero también por lo que ve en los amigos de su generación: parejas que en el mismo momento en que construyen una casa y buscan sostener un proyecto “para toda la vida”, en realidad, empiezan a distanciarse hasta desconectarse –los días dirán si para siempre– uno del otro.

En ese lapso, de la negación al darse cuenta y todo lo demás, la directora filma a sus personajes atenta a los detalles; analiza cierto retorno que tienen a la adolescencia o la primera juventud, y sostiene el relato con una madurez que la muestra decidida a hacer un cine ya no para algunos entendidos o personas de cierta edad, sino para un público amplio. En el film también actúa el niño Máximo Silva como el hijo de la pareja, y hay abuelas (Fabiana Cantilo y Marilú Marini) y una amiga íntima (Érica Rivas).

– ¿Por qué esta película después de Por tu culpa, film en el que abordaste la responsabilidad frente a la maternidad?

Con Por tu culpa me había quedado con ganas de trabajar más el tema de la familia, pero más enfocada en la pareja. Ahora que la película está terminada, creo que las dos historias dialogan mucho entre sí y a veces digo que Aire libre es la precuela (N. de la R: la historia anterior) de Por tu culpa, porque allí la protagonista ya estaba separada y acá hay una pareja todavía en plena crisis. También quise trabajar el punto de vista masculino, todo un desafío. Quería trabajar con la tensión entre los puntos de vista de los dos integrantes de la pareja. Si bien los personajes son negadores de la crisis que atraviesan, también la enfrentan desde un lugar que es muy de género: él no puede poner en palabras lo que pasa y se escapa, y ella intenta recuperarlo desde un lugar posesivo sin saber si es lo que desea o no: empujada por ese deseo de volver a reunir a la familia, de no poder soltar. Es muy femenino esto de no poder soltar, y muy masculina la tendencia al escape.

– ¿Por qué el título, Aire libre?

La idea del aire daba vueltas desde el comienzo, y aunque ahora haga referencia más al aire que se necesita para vivir en pareja, quería que la película fuera ligera en la forma de verse más allá de que la manera de narrar tuviera intensidad. Buscaba que fuera más accesible que mi película anterior y, por eso, también quise que hubiera música, además de esto que les ocurre a los personajes de que salen y viven una especie de adolescencia tardía. No porque como adultos desatiendan sus roles, sino porque necesitan vivirlo así. En un momento aparece lo trágico de olvidarse qué los une, quiénes son y que están construyendo, y eso trae esta búsqueda de aire en la pareja. El aire del título se refiere entonces a un doble juego: por un lado, buscan una casa en las afueras para tomar contacto con el verde y por otro, necesitan tomar aire como pareja.

– En el personaje de Lucía (Celeste Cid), aparece esto de sostener la “casita” y la familia unida aunque, aparentemente, no se sostenga más…

Sí, la idea de mantener a la familia unida es muy femenina. Desde chicas jugamos a los bebés, a la casita… Elegir a Fabiana Cantilo para el personaje de la madre de Lucía también fue una decisión, porque es una madre que no está en el rol de abuela ni de madre de una manera convencional. Hay un esfuerzo de Celeste Cid por intentar ser para ese hijo una madre más “perfecta” o presente de lo que fue su madre con ella. También me interesó mostrar cómo los personajes vuelven a ser hijos. Mientras construyen la casa, ella vuelve a vivir a lo de su mamá, y él decide irse a la casa de sus padres. Hay una escena, el único momento en el que él sonríe francamente, en que está en la casa de sus padres, en un sillón, comiendo papas fritas y mirando la tele. Las preguntas alrededor de eso para mí eran ¿Para qué quiere uno la libertad? ¿Para qué necesita uno distancia? y ¿Cuándo dejamos de ser jóvenes?

– La crianza de los hijos junto con la vida laboral supone un momento exigente para la pareja…

Sí, es un momento exigente y eso aparece en la película, pero también creo que los personajes tienen una relación en la que les cuesta mantener el deseo. La presión de ser padre y a la vez profesional es difícil, mantener el deseo a través de los años es difícil, pero hay quienes logran sostener la relación. Estos personajes están en una edad en la cual están dejando de ser jóvenes y, a la vez, se sienten de alguna manera atractivos.

– ¿Cuánto hay de tu propia experiencia en el film?

Tengo dieciocho años de pareja, y me parece que estoy un poco autorizada para hablar del tema (sonríe). Además, comparto profesión con mi marido, como les pasa a los personajes de la película. En nuestro caso, soy directora y mi marido es productor de cine. Hay cosas personales que aparecen cuando escribo y las que no son mías a veces surgen de lo que pudo haberle sucedido a una amiga, por ejemplo. También me pasó algo mientras hacía la película: vendí una casa que quedó como herencia de mis padres y donde en la infancia vivíamos con mis cuatro hermanos, abuelos, bisabuelos y tíos. Vivíamos en cuatro lindas casas en Vicente López, con entrada única, y todo confluía en un mismo patio. En esa dinámica familiar, todo era un poco sofocante y eso está en parte presente en mi película.