Un enigmático conjunto de estructuras descubierto en plena Cordillera de los Andes mendocina comenzó a despertar el interés de investigadores y andinistas. Se trata de una construcción de grandes dimensiones que, a diferencia de lo que ocurre en el terreno, puede distinguirse con claridad a través de imágenes satelitales.
El hallazgo se encuentra en las inmediaciones de la Cordillera del Tigre, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, en una zona alejada de los circuitos turísticos habituales. Las primeras observaciones muestran círculos, sectores rectangulares y pasillos, formados a partir de pircas, paredes de piedra y algunos canales revestidos.
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Por sus características, una de las hipótesis que comenzó a tomar fuerza es que podría tratarse de un geoglifo, es decir, una estructura o diseño de grandes dimensiones cuya forma puede apreciarse especialmente desde una posición elevada.
Un hallazgo que comenzó en Google Earth
La historia detrás del descubrimiento tiene como protagonista a Carlos Gobbi, un andinista mendocino que desde hace casi tres décadas estaba interesado en encontrar este posible sitio arqueológico a partir de referencias que había escuchado.
El primer indicio concreto apareció en mayo de 2025, cuando Gobbi analizaba imágenes de Google Earth. En medio de la inmensidad de la cordillera encontró formas que llamaron su atención y que no parecían responder a una formación natural.

Las imágenes permitieron identificar grandes círculos de entre 27 y 35 metros de diámetro, además de sectores rectangulares y corredores que conectan distintas partes de la estructura.
Sin embargo, la sorpresa fue todavía mayor cuando pudo llegar personalmente al sitio.
“Cuando vi eso, fue realmente impactante”, recordó el andinista.
Tres días para llegar hasta la estructura
El lugar presenta enormes dificultades de acceso. Para llegar hasta allí se necesitan casi tres días de travesía, sin disponibilidad de agua, señal de telefonía celular ni otras comodidades.
Gobbi realizó dos intentos antes de conseguir llegar finalmente junto a dos compañeros. El arribo se produjo el 14 de febrero de este año cuando pudieron comprobar en terreno las características de la estructura que habían observado desde las imágenes satelitales.
La particularidad es que, a nivel del suelo, la totalidad de las formas no resulta evidente. Lo que puede observarse son principalmente pasillos de piedra y pircas, mientras que el diseño completo aparece con mayor claridad desde las imágenes tomadas desde arriba.
Esta característica también podría explicar, al menos en parte, por qué la estructura se habría conservado en un lugar prácticamente inaccesible.
¿Qué función pudo haber tenido?
Uno de los principales interrogantes para los investigadores es determinar para qué fue construido el sitio.
Durante el relevamiento inicial no se encontraron en superficie restos de cerámica, alimentos u otros elementos que permitan asociarlo con una ocupación permanente. Por este motivo, por ahora se descarta como hipótesis principal que se haya tratado de un asentamiento habitacional.
Entre las posibilidades que analiza el equipo aparece la de un espacio destinado a actividades rituales o simbólicas.
También se estudia la posibilidad de que la estructura tenga alguna relación con el período incaico, aunque se trata de una hipótesis que deberá ser confirmada mediante nuevas investigaciones y estudios arqueológicos.
Un posible geoglifo en los Andes mendocinos
El hallazgo genera interés por sus similitudes con otros grandes diseños arqueológicos que pueden observarse desde las alturas, como las conocidas líneas de Nazca en Perú.
Sin embargo, los investigadores deberán determinar primero la antigüedad, el origen y la función de las estructuras encontradas en Mendoza antes de establecer una relación con aquellas construcciones.
