En Mendoza, aumentan los casos de personas que sufren dolores físicos sin una causa médica clara. Cervicalgias, contracturas y trastornos digestivos muchas veces son el reflejo silencioso de un cuerpo que grita lo que la mente no logra procesar. El yoga y las prácticas somáticas se presentan como herramientas valiosas para recuperar el equilibrio perdido.
En tiempos donde el estrés, la autoexigencia y la desconexión emocional parecen moneda corriente, cada vez más personas manifiestan síntomas físicos sin una causa orgánica concreta. Dolencias crónicas que no responden a tratamientos médicos tradicionales, pero que insisten en reaparecer, incluso con estudios clínicos “normales”.
“Lo que no se expresa, se somatiza”, advierte la instructora de yoga Aisha Taha (@aishiataha). “Nuestro cuerpo guarda memorias. El dolor, muchas veces, no es más que una señal de alerta: algo no está siendo atendido”, afirma.
Desde la mirada del yoga, el cuerpo y la mente no están separados. Cada emoción que no se expresa puede generar una tensión muscular, un bloqueo energético o una rigidez física. Por eso, las prácticas somáticas –como el yoga, la respiración consciente o el movimiento libre– son herramientas eficaces para “habitar el cuerpo” y comenzar a liberar lo que no se nombra.
Está es una rutina corta de yoga enfocada en liberar tensiones emocionales alojadas en el cuerpo. Una invitación a pausar, respirar y mover el cuerpo desde la conciencia: “No hace falta tener experiencia, solo la voluntad de estar presente. Cada movimiento, cada inhalación, puede ser una forma de volver a casa: al cuerpo, a la emoción, a lo que somos”.
Si vivís con dolores persistentes, estrés o ansiedad, quizás es momento de dejar de silenciarte y empezar a escucharte. Tu cuerpo ya está hablando, entonces la pregunta es: ¿lo estás oyendo?
