La situación generada a partir de la polémica por los artesanos es un ejemplo más de una constante histórica que nos hace ser el país tercermundista que somos: la invasión del espacio público por el privado. Sin dudas hay ejemplos más contundentes. Las concesionarias de autos usados que estacionan sobre la vereda. O los clubes que están en el Parque San Martín, que acaparan las mejores hectáreas de un parque público, clubes a los que no debe ir ni el 1% de la población. Pero lo de los artesanos no es distinto. Será por menos plata, con menos daño, puede ser.

    Pero, en el fondo, es lo mismo: los artesanos desarrollan una actividad económica privada, con fines de lucro, ocupando espacios públicos. La Plaza España es la más linda de Mendoza. Es un lugar que debe protegerse en su estética y diseño original: un lugar de esparcimiento para todos. En Mendoza hay cientos de cooperativas de trabajo de gente humilde. Nadie les regala nada: para envasar salsas de tomate, forman una cooperativa, alquilan o compran un terreno, todos aportan. No veo que los intendentes les dejen vender salsa de tomate en las plazas. ¿Por qué los artesanos sí y ellos no? ¿No deberían rotar? y, por lo tanto, ¿no debería rotarse todos los fines de semana con todas las cooperativas?