Flor Serruya.

Florencia Serruya dirigió y guionó Identidad, un cortometraje que resultó premiado en el Zero Plus International Film Festival de Rusia en la categoría Cortometraje de Danza. Está protagonizado por la compañía mendocina de danza-teatro Intempo –también dirigida por Florencia–, con coreografía de Virginia Fassano.

La obra mendocina de danza-teatro, fundamentada en la biodanza, fue la única propuesta argentina seleccionada y compitió contra otros 19 finalistas de Europa y Rusia en un teatro de Tyumen, Siberia. El evento se desarrolló entre el domingo 29 de setiembre y el domingo 6 de octubre de 2024.

La entrevista

¿Cómo fueron tus inicios con la danza, propiamente dicha; y, luego, cómo se une con la biodanza y el cine?

Desde muy chiquita me gustaba mucho bailar, mis papás me mandaron, cuando yo tenía cinco años, a danza clásica, me gustaba, pero era muy tímida, entonces luego pasé por el contemporáneo, después por el flamenco, luego por la danza jazz y, de más grande, me encantó el contemporáneo.

Y, cuando decido estudiar la carrera de danza, que esa también fue una historia bastante compleja, porque no sabía qué iba a estudiar, finalmente, mi mamá me acompañó en esa decisión tan importante. Me enamoré de la danza contemporánea y, además de la carrera, también tomaba clases particulares; en este caso, las primeras referentes fueron las mellizas Fusari.

¿Estudiaste la carrera en la Universidad Nacional de Cuyo?

Lamentablemente, no; la idea era que fuera una tecnicatura superior en danzas, que se llama Fundación por el Arte, que es, digamos, La Coruña, por la tarde; y, por la mañana, funcionaba como facultad. Después íbamos a tener la parte pedagógica en la UNCuyo, y nunca se abrió. Hasta el día de hoy sigue estando sin la carrera de danza, se viene luchando por eso. Quienes quieren estudiar arte deben ir a Fundación por el Arte, que es donde yo estudié, y el Instituto Chopin. En ese momento no había un profesorado, solamente una tecnicatura, y decidí ir a Buenos Aires. Terminé la carrera, me quedé un año y, si bien, tomé clases de jazz y de clásico, me especialicé en todas las ramas de contemporáneo (flying low, cunningham, limón, etcétera), que tomé con cada profesor y que acá no hay. También fui a la Fundación Julio Bocca. Acá, en Mendoza, no hay especialidades en la danza contemporánea.

Al regresar a Mendoza comencé a dar clases, trabajé en la Escuela de Comedia Musical de Valeria Lynch, donde daba danza jazz; también di zumba, que en Mendoza no existía. En los talleres de verano traía profesores de diferentes disciplinas: acrobacias, clásico, teatro. La idea era seguirme formando.

La biodanza

¿Cuándo y por qué comienza la relación con la biodanza?

En 2016, debido a un momento muy traumático en mi vida, ya que pasé por una situación de duelo muy difícil, comencé con la biodanza. Una psicóloga y la biodanza me acompañaron en ese proceso. Y la biodanza potenció mi identidad, por eso ahí viene todo mi acceso, porque mi tesis de biodanza se llama Identidad, y también es el módulo de identidad. Eso, según creo, fue mi gran transformación.

¿Dónde estudiaste esa disciplina?

Acá estudié biodanza en la Escuela Aconcagua, Fundación Amar, con Delma López y Kevin Lemos. Ellos fueron mis guías. Kevin fue mi gran maestro, al día de hoy sigo haciendo cosas con él. Al principio, sí fue muy enfocado, yo creo en esto: en sanar, en volver a la vitalidad, en volver a estar bien, con el acompañamiento psicológico, con la danza, con todo lo que hacía en ese momento para estar bien. Me enfoqué mucho en querer estar bien emocionalmente; entonces, por un lado, estaba sanando desde ese lado del trauma.

Cómo actúa la disciplina

La biodanza trabaja sobre la parte sana del ser humano; es un sistema que utiliza el movimiento, la música, el canto y las situaciones de encuentro para inducir vivencias integradoras. Su objetivo es restaurar la conexión con la vida y despertar la sensación de plenitud existencial.

El precursor

¿Quién desarrolla esta disciplina?

Fue Rolando Toro, en los años sesenta, un chileno que tenía muchas profesiones: antropólogo, psicólogo, maestro, quien comenzó a hacer prácticas en un hospital psiquiátrico y ver cómo la música y el movimiento influían en los pacientes.
En los primeros momentos la llama psicodanza.

¿Qué se activa al bailar?

En la psicología tradicional se atenta sobre el trauma y el conflicto, entonces acá lo que se trabajan son las líneas de vivencias que Toro nombra, que son los potenciales genéticos, como la vitalidad, creatividad, afectividad, trascendencia y la sexualidad. Entonces, esos potenciales, que todos traemos, la biodanza los fortalece.

Si bien la biodanza tiene efectos terapéuticos no es una terapia, son sesiones. Dice Rolando Toro: “A través del otro me conozco a mí mismo, y a través del otro fortalezco mi identidad”. Por eso, todo esto, estos potenciales, todo lo que se va trabajando, en mi caso, hizo que yo fuera más auténtica, dejara atrás un montón de mandatos, que confiara más en mí, que conectara con el presente, porque es eso: una meditación en movimiento. Se trabaja el aquí y el ahora y, a través del movimiento, nos podemos expresar.

Danza versus biodanza

¿Qué diferencia hay entre estas disciplinas?

La diferencia con la danza es que la biodanza no es coreográfica. La biodanza está relacionada con la confianza; va más desde el corazón. Si bien mostramos los ejercicios, nunca va a ser igual, es más libre. La biodanza es muy vivencial.

¿Por qué la gente hace biodanza?

Creo que van, por un lado, para encontrar la felicidad, la alegría de vivir, porque, justamente la danza nos conecta sí o sí con el movimiento, que ya es vida. Por un lado, la gente quiere reconectar con su vida. Todos tienen, claro, diferentes motivos; hay alumnos que llegan por un duelo. Muchos no saben qué van a encontrar.
La gente va a biodanza para sentirse mejor emocionalmente, según entiendo .

¿Por el nombre, la gente intuye, presume que, al llegar ahí, no es exactamente danza y dice: “Ah, yo pensé que era otra cosa”?

Pasa mucho porque, al estar la palabra ‘danza’ la confunden; por eso digo que me preguntan mucho acerca de si es necesario saber bailar, porque, en realidad, esa es la danza de la vida que, es, justamente, danzar las transformaciones, danzar las sombras, las luces, entrar en el todo. Muchos, después de cierto tiempo, dejan porque no se animan a ir tan profundo.

La biodanza tiene muchos efectos terapéuticos porque se va muy profundo desde la afectividad, la trascendencia, la sexualidad, se despiertan muchos aspectos y cosas que no nos gustan; por eso, el otro me refleja a mí.

La biodanza propicia el encuentro humano, porque eso es lo que nos conecta más con la afectividad, el contacto, el abrazo, la mirada. Básicamente, es un sistema de integración humana.

¿Siempre se practica la biodanza en grupo?

Siempre, porque una clase tiene una curva fisiológica, un sentido y un objetivo. Es un sistema de desarrollo humano, de reeducación afectiva, hay muchas formas de explicarlo.

Identidad, el cortometraje

¿Cuáles fueron los motivos para producir un filme relacionado con tu disciplina?

En 2019 quería hacer una obra, trabajar con bailarines profesionales y me planteé la forma en la que podía llegar a estas personas? Por eso fui a un festival de danza, de Nuevas Tendencias, que se hace todos los años en Mendoza. Eso me inspiró, estuve con Vilma Rúpolo, con varios colegas y profesores. Creé una obra que se llama Identidad, que en ese momento fue en el escenario, es decir, de danza y teatro.

Después conocí a Fabricio Centorbi, a quien le gustó la temática y me propuso realizar un proyecto audiovisual, me animé y en el camino fui aprendiendo, fue un proceso muy difícil pero recibí ayuda de muchas personas. Es muy distinto un montaje escénico de uno audiovisual. Coincidió que yo elegí para mi tesis identidad, por lo que traje todo mi proceso de biodanza y, si bien la obra no es sobre mí, porque hay un protagonista, sí es un poco, trascender estos traumas, estos momentos disociados, para llegar a una identidad integrada, ese es el mensaje de la obra: cómo una persona va transitando su vida y va pasando por diferentes momentos, después de los cuales, poco a poco, se va integrando. Fue producido con dinero propio y con ayuda del Fondo Nacional de las Artes y el Instituto Nacional del Teatro.

Locación y staff

El documental fue realizado en Potrerillos, Mendoza, y en el Espacio Cultural Julio Le Par.

Directora: Florencia Serruya
Protagonista: Alejo Lascano
Coreógrafa: Virginia Fassano
Intérpretes: Luciana Zulueta, Paola Videau, Priscila Resca, Lara Bisutti, Lucrecia Álvarez, Huara Gutiérrez y Florencia Serruya 
Música: Matías Gorordo / Rodolfo Castagnolo
Edición: Fabricio Centorbi
Colorista: Javier Muñoz
Operador de cámara: Diego Quiroga 
Segunda ayudante de cámara: Cinthia Briones
Mezcla de sonido: Emiliano Barbuzza

El festival

El Zero Plus International Film Festival de Rusia es un evento destinado a niños, jóvenes, padres y maestros que promueve la creación de filmes que fomenten una visión positiva, creativa y formativa e integren el cine y la educación.

¿Cómo surge la idea de enviar el corto a ese festival?

Fabricio me comentó que podía presentarlo en algunos festivales, del país e internacionales, por lo que le di de de alta en la plataforma festhome.com. Así llegué al de Rusia. Estaba muy entusiasmada con el hecho de que el corto fuera visto por gente de todo el mundo.

El evento fue largo, duró ocho días. Había muchas categorías: animación, ficción, documental, había workshops en diferentes lugares, conocí muchos teatros, nos llevaron a diferentes lugares a pasear. Estuvo muy completo. Conocí a personas de India, Portugal, Serbia, México. Este año volveré a proyectarla en varios lugares.

La premiación

¿Cómo fue el formato y proceso de selección?

Se presentaron 900 cortos, eligieron a 30, aproximadamente, y yo competí con 19 de ellos. Entré en la Categoría Danza; en los festivales hay diferentes categorías y no en todas está danza. Por eso, en algunos, lo presenté como una parte de derechos humanos, de psicología, experimental.

¿Y a partir del galardón, cambió algo?

No sé por qué, pero siempre supe que la obra iba a traer algo. No sabía qué ni nada, pero tenía la sensación de que iba a ser un antes y un después. Por un lado, el mundo del cine, que quiero seguir, me atrajo y quiero continuar. Por otro lado, hay un proyecto que estoy haciendo ahora, a raíz de la obra, relacionado con la salud mental.

¿De qué trata el proyecto?

Se refiere a un dispositivo de promoción para la salud, iniciativa que presenté en Cultura, en el cual incorporé a un compañero, quien también es facilitador de biodanza, además de trabajador social. El proyecto está direccionado a los artistas porque el año pasado hubo muchos suicidios y muchas situaciones de depresión. Por eso me planteé cómo integrar el premio que recibí, desde lo artístico, a la parte de salud mental con la biodanza.

Es un formato, en el cual hay tres encuentros, donde está la obra, está el cortometraje. La idea es fusionar el hecho artístico con la biodanza, con pasarlo por el cuerpo, a modo de prevención, para todas estas personas que han estado en situaciones de riesgo.

Danza, biodanza y conexión en movimiento

¿Qué es conexión en movimiento?

Es una integración entre la danza, la biodanza, herramientas artísticas, como la escritura, los juegos creativos, es un método mío creado a fines de 2022. Justamente, es eso: la integración entre la danza desde un lugar más lúdico, no tan técnico; la biodanza como base a nivel biológico, fisiológico, y otras herramientas que a mí me han hecho muy bien, como el juego creativo, el teatro, la escritura, el canto; o sea, hay una fusión y las clases son todas diferentes.

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