El Museo Fader —San Martín 3651, Mayor Drummond, Luján de Cuyo— sube dos exposiciones este miércoles a las 20, con ingreso libre. La primera, Laureados, es sobre obras distinguidas en concursos provinciales. La segunda, La abstracción simbólica, está dedicada al artista plástico Ángel Oliveros
Laureados
Los salones de arte en Mendoza han sido, desde 1918, mucho más que instancias de premiación porque han funcionado como un dispositivo: una red de instituciones, jurados y discursos que definen qué es arte, qué merece ser conservado en los museos y qué queda fuera de ese reconocimiento.
En este marco, la muestra propone recorrer los primeros premios provinciales no solo como distinciones individuales, sino como piezas clave en la construcción de esa identidad visual. Desde el paisajismo naturalista de los inicios hasta las rupturas de la modernidad, el Salón ha operado como un espacio de consagración y también de disputa.
A lo largo del siglo XX, este ámbito reflejó tensiones políticas y culturales. Fue escenario de resistencia —como el boicot de 1945 contra el gobierno interventor— y de gestos de disidencia durante la última dictadura. Al mismo tiempo, experiencias alternativas como el Salón de Cuyo (1942–1976) apostaron por la pluralidad sin premios, desafiando las lógicas tradicionales de legitimación.
Interrogar estos reconocimientos en la actualidad implica también visibilizar zonas de vacancia: la escasa presencia de mujeres, de artistas no profesionales y de prácticas que no se ajustaron a las normas dominantes.
El valor de las obras aquí exhibidas no es preexistente, sino que fue construido a partir de reglamentos y jerarquías que hoy se ponen en cuestión. Así, la muestra no solo revisa una historia de consagraciones, sino que abre una pregunta clave: ¿qué condiciones hicieron posibles estos reconocimientos y qué relatos quedaron fuera de escena?
Acerca de La abstracción simbólica
Ángel Oliveros ocupa un lugar singular en el arte mendocino. Su tránsito de la figuración a la abstracción no respondió a modas sino a un proceso íntimo y disciplinado de búsqueda. Para el artista, abstraer no implicaba alejarse del mundo, sino acceder a su dimensión más profunda. “Tomar un objeto y disgregarlo, pero que siempre quede su esencia”, decía.
A diferencia de las corrientes geométricas o informales de los años cincuenta, Oliveros desarrolló una abstracción de carácter simbólico. Su obra no surge de una ruptura abrupta, sino de una transformación paulatina de la figura, donde el equilibrio, la forma y el color —propios de su formación académica— permanecen como ejes fundamentales.
Según el artista, la pintura no era un ejercicio de libertad azarosa sino un oficio que exigía rigor: “La pintura no es divertimento, es un dolor”, afirmaba, con referencia al compromiso físico y psíquico del proceso creativo.
En su producción, la naturaleza y el entorno funcionan como punto de partida para una búsqueda que no intenta representar lo visible, sino indagar en aquello que permanece como incógnita. Oliveros no describe el mundo: lo explora, insiste sobre él y, finalmente, lo trasciende.
De esta manera, el Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú-Casa Fader se consolida como un espacio de encuentro con propuestas que reflejan la riqueza y diversidad del arte mendocino.
Acerca de Ángel Oliveros
Nació en Buenos Aires el 22 de julio de 1919 y falleció en Mendoza el 24 de septiembre de 1987. Fue profesor de Dibujo y Pintura egresado de la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad de Cuyo en 1946 y ejerció la docencia en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Cuyo.
Concurrió al Salón Nacional en 1956, 1964 y 1970 y a los salones provinciales y municipales. Sus obras fueron premiadas en las bienales de Mendoza en 1976, Legislatura provincial en 1978, Automóvil Club Argentino Mendoza en 1979, Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú en 1979 y 1980, Semana de la Artes en 1982 y otras muestras colectivas.
Obtuvo importantes distinciones como el premio Gobernador en el Salón Municipal de la Asociación de Artistas Plásticos de Mendoza en 1949; Medalla de Oro en la Bienal Municipal de Mendoza en 1951 y el premio Adquisición en el Salón Nacional de Olivicultura en 1957.


