“Queríamos ver cómo estas tres palabras funcionan hoy a nivel humano, íntimo, personal, más que filosófico, político o social”, explicó Krzysztof Kieslowski, en unas declaraciones recogidas por la cinemateca francesa en Historia oral de la trilogía de los tres colores.
El rodaje de las tres películas fue relativamente rápido. De septiembre a noviembre de 1992, Kieslowski realizó Bleu (Azul). En su último día de rodaje empezó Blanc (Blanco) y, de marzo a mayo de 1993, rodó Rouge (Rojo) en Ginebra. En septiembre de ese año, Blue se estrenó en Venecia.
En febrero de 1994, Blanc ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín y Kieslowski anunció allí su retirada del cine. En mayo, Rouge se presentó en el Festival de Cannes y, en marzo de 1996, el cineasta murió de un ataque al corazón a los 54 años. La trilogía constituye, por tanto, su principal legado y aún hoy lo más valioso de su cine.
Bleu
El filme comienza con el marido y la hija de una mujer al momento de un accidente de tráfico y ella sobrevive. Recién despertada en el hospital intenta suicidarse, infructuosamente. “No puedo”, le dice a la enfermera, quien la observa con estupor después de devolver de la boca a la basura un puñado de pastillas.
Cuando se recupera físicamente, intenta eliminar todo rastro del pasado, como si fuera la única manera de escapar de la pena, pero es en vano. ¿Querría ella perder la memoria como su madre, a la que visita periódicamente en una clínica, enferma de Alzheimer? Tampoco.
Lo que sobrevive en ella son el color azul de la habitación de su marido –un compositor de prestigio– y las notas de una partitura que había dejado sin terminar antes de morir. Pero el proceso de sanación se va manifestando y se acelera cuando comprende que asumir el pasado implica aceptación.
Y esa aceptación la encarna con bondad y generosidad. Así la veía el marido. Se lo cuenta la amante de este, a quien él ha dejado embarazada. Paradójicamente, el descubrimiento de ese pasado oculto la fortalece y apunta al corazón de Bleu como compendio de una humanidad civilizada y posible en la Europa de finales del siglo XX en la que vivía Kiewsloski como, si a pesar del dolor, o desde dentro del dolor, alumbrara el destello de esperanza (en que consiste la aceptación) que sostiene a quienes viven.
Quizá no sea concebible Bleu sin Juliette Binoche, quien apenas se aparta de su personaje en la poco más de hora y media que dura el filme. El dolor que desprende su mirada, su gestualidad lacónica, la zozobra interior que emana de su intensa actuación aún conmueven.
Actores: Juliette Binoche, Benoît Régent, Florence Pernel, Charlotte Véry, Hélène Vincent, Philippe Volter, Claude Duneton y Hugues Quester
Guion: Krzysztof Piesiewicz y Krzysztof Kieslowski
Producción: Francia, Suiza y Polonia
Año: 1993
Duración: 98 minutos
Blanc
Los hechos que narra Blanc comienzan en el París de la misma época en que sucede Azul, y en la misma época, pero en Ginebra, en que sucede Rojo. Kieslowski hilvana las tres películas en unas pocas imágenes: en Blanco y Rojo reaparece fugazmente el personaje que interpreta Juliette Binoche; en los tres filmes repite la misma escena: una anciana que deposita una botella de vidrio en un contenedor en la calle, y en el inolvidable final de Rojo reúne en siete planos a los protagonistas de los tres filmes (cuando se salvan de un naufragio).
Los personajes de Blanc abandonan inmediatamente París y vuelan a Polonia. A su modo, al modo polaco (o al modo de Kieslowski), Blanc es una comedia trágica, pero no demasiado. Suscita alguna sonrisa por la rocambolesca historia que cuenta el cineasta: la de un polaco que se enamora y se casa con una francesa.
Blanc, comienza contando la historia de Karol, un peluquero polaco afincado en París, cuya impotencia sexual, al parecer, repentina, desemboca en la petición de divorcio de su mujer, Dominique, alegando que su matrimonio no se ha consumado. Tras el fugaz divorcio –y evidente humillación pública de Karol ante la Justicia francesa– Karol es de nuevo humillado socialmente al serle embargados sus bienes materiales y económicos tras el divorcio.
Sin pasaporte, con sólo dos francos y prácticamente sin dignidad, Karol es relegado al metro de Paris como músico ambulante, en una secuencia mucho más alegórica y cómica que dramática
De regreso –en forma ilegal a Polonia– el protagonista (es peluquero) tiene otras ambiciones. “Quiero entrar en las finanzas”, le dice a un empresario corrupto que lo ha contratado de vigilante por intermedio de una clienta de la peluquería.
Y en ese corrupto hallará la vía de escape de su vida gris, cuando lo escucha a este planear con un cómplice un negocio de compra de tierras donde van a instalarse dos grandes empresas. El peluquero se adelanta, adquiere los terrenos y los revende al empresario.
A partir de ahí funda su pequeño imperio con la voluntad de recuperar a la mujer. El desenlace no puede ser más trágico por la venganza del peluquero polaco, quien finge su muerte para que su ex esposa viaje a Polonia para reclamar una herencia.
Actores: Zbigniew Zamachowski, Julie Delpy, Janusz Gajos, Mikolaj Jerzy Stuhr, Aleksander Bardini, Grzegorz Warchoł, Cezary Harasimowicz, Jerzy Nowak, Jerzy Trela, Monsieur Bronek, Teresa Budzisz-Krzyżanowska y Madame Jadwiga
Guion: Krzysztof Piesiewicz y Krzysztof Kieślowski
Producción: Francia, Polonia y Suiza
Año: 1994
Duración: 92 minutos
Rouge
Si la música incidental de Zbigniew Preisner en Bleu es sinfónica, en Blanco es un tango, y en Rojo, un bolero. Y lo que canta ese bolero es el amor de un anciano ex juez (quien, ahora, se entretiene espiando y grabando las conversaciones telefónicas de sus vecinos) hacia una joven, cuyo amor hacia ese hombre es de otra naturaleza (no sexual, sino afectiva, amistosa, quizá filial). Pero Kieslowski, en una especie de transferencia psicoanalítica, propicia que la joven acabe unida a un hombre que aprueba la oposición a juez, y que, como le ocurrió al anciano, pierde a su amada.
El cineasta va entrecruzando ambos relatos, el de la joven con el anciano y el del opositor con su amante, al modo de una fábula sobre la fraternidad, el consentimiento, la dicha de vivir el presente como un don y la posibilidad del bien.
Si en Bleu el personaje de Binoche es una mujer buena y generosa –no meramente un arquetipo de la bondad– en Rojo, el personaje que interpreta Jacob se le presenta al anciano como la revelación de una bondad superior: la inocencia. La mediación de ella permite al ex juez recomponer su vida solitaria.
Y halla en la aceptación de un amor sin correspondencia la esperanza que había perdido cuando la mujer que amó lo abandonó por otro hombre y, poco después, como el comienzo de Azul, murió en un accidente de tráfico.
Actores: Irène Jacob, Jean-Louis Trintignant, Frédérique Feder, Jean-Pierre Lorit y Samuel Le Bihan,
Guion: Krzysztof Piesiewicz y Krzysztof Kieślowski
Coproducción: Francia, Polonia y Suiza
Año: 1994
Duración: 99 minutos
Los filmes pueden verse, alquilarse o comprarse en Netflix, Amazon Prime, Google Play y Apple TV.



