En uno de los tantos cafés que abundan en el microcentro, hay uno que funciona dentro de una galería y que suele ser escenario de rosca política, encuentros de trabajo o de charlas profundas para ver cómo se soluciona el mundo.
La clave de estos lugares siempre es el concepto de atención corporativa. No todos están entrenados para eso. Se trata de ir conociendo los gustos de los clientes; saber más a o menos a qué hora llegan, dónde les gusta sentarse y, sobre todo, qué toma cada uno.
Pero hay una cajera que va más allá. Si alguno de los habitués, por ejemplo, concurre con una señorita, ella relojea el comportamiento de “la nueva”, y sutilmente hará una devolución con la mirada. Ahí te puede sugerir si te conviene y si es para vos; si es para tomar solamente un café o para algo más serio; y, de ser necesario, te dirá “salí de ahí, Maravilla”.
