Una mujer se mostró ofuscada en un supermercado de Guaymallén porque un pez a la venta en una tienda flotaba sin vida en una pecera. Si bien no se quejó con los responsables del negocio, tomó a su hijo de la mano y se lo llevó para que no continuara viendo la vidriera. Estamos en el 2022 y, todavía, la comercialización de conejos, cobayos, catas, erizos y peces, entre otros, se realiza en negocios donde también se consigue el alimento para los mismos. Evidentemente, está permitida la venta y existen interesados en adquirirlos. Pero ¿no sería bueno decir basta a la compra de estos bichos? Creemos que sí.