De una manera u otra, el juez de la Quinta Cámara del Crimen Rafael Escot se las ha rebuscado desde la década de los 90 para estar en el centro de la escena mediática y del Poder Judicial. Es un magistrado más odiado que querido entre sus pares y sus actitudes le han provocado profundos dolores de cabeza.
Ayer volvió a ser noticia por un nuevo caso que lo tiene como protagonista principal, el más grave, en el medio de un juicio oral y público por extorsión. No fueron las fotos que subió a Facebook cazando animales en cotos africanos o sus polémicos fallos, sino que, esta vez, la fiscal de la citada Cámara, Laura Rousselle, lo denunció administrativamente en la Suprema Corte por violencia de género.
Previamente, la representante del Ministerio Público había expuesto el problema ante la Procuración. Al juez le notificaron que debía explicar la situación antes de que dictara la sentencia de ese proceso, y entró en cólera. Terminó inhibiéndose en el debate, exhibiendo los motivos personales ante un imputado y su abogado y dejándolo sin resolución.
La presentación de la fiscal llegó hasta la Suprema Corte de Justicia y hoy Escot hará su defensa escrita ante la Sala III, la Administrativa, que está integrada por Pedro Llorente –presidente– y los vocales Alejandro Pérez Hualde y Mario Daniel Adaro.
Ante la denuncia, Escot se inhibió y no seguirá participando en debates mientras Rousselle continúe como fiscal. Consultado por El Sol, aclaró que nunca la maltrató, que tiene marcadas diferencias en la forma de interpretar el Derecho con ella y que la fiscal “intenta cotidianamente manejarle los juicios cuando el líder del debate es el juez”.
Rousselle, quien ocupó ese cargo en marzo del 2015 después de haber sido fiscal de Instrucción de Capital durante varios años, primero hizo dos presentaciones sosteniendo que sufría maltratos psicológicos durante sus encuentros laborales con Escot en los juicios. Como esta situación no se modificó a pesar del paso del tiempo, realizó una tercera denuncia, esta vez, con la perspectiva de género.
La información a la que accedió este diario, basada en la presentación de la fiscal en la Procuración, sostiene que el juez descalificaba a la magistrada desde su posición de poder, intentaba manipularla y desvalorizaba su trabajo delante de testigos, abogados e imputados. Las constantes críticas que esgrimía, en su mayoría, eran destructivas y el maltrato psicológico llegó a tal punto que la situación se tornó incontrolable.
Lo preocupante, explicaron fuentes judiciales, es que Rousselle es la titular de la Quinta Fiscalía del Crimen y Escot, el vocal primero de esa Cámara, por que la relación laboral es diaria. Se trata de una fiscal de 36 años y un juez de 53, y la permanencia de ambos en la Cámara podría ser de muchos años. Por esto, la magistrada lo denunció para darle un final a la situación, con la intención de desarrollar su tarea sin padecer “estos comportamientos del magistrado”, explicaron desde el cuarto piso de Tribunales.
Desde que llegó
Laura Rousselle comenzó a desempeñarse como fiscal de la Quinta Cámara del Crimen el 16 de marzo del año pasado. Concursó y obtuvo el cargo luego de que el fiscal Ricardo Bianchi se jubiló. A los pocos días, trascendió, comenzó a sufrir una fuerte crítica del juez Escot.
La fiscal pidió licencia desde abril hasta setiembre por maternidad y luego volvió al cargo. Fuentes judiciales aportaron que el juez no cesó en el maltrato psicológico y la magistrada se lo hizo saber personalmente. Tuvieron un primer encuentro y Escot terminó pidiéndole perdón, tal como explicaron las fuentes. “Lo hice para bajar la tensión y para que vea que la respeto, más porque es sobrina de un querido amigo, Adolfo Moreno (el abogado asesinado en un asalto en junio del 2012)”, aseguró el magistrado.
Sin embargo, relataron las fuentes, con el paso de los días las críticas destructivas del juez aparecieron nuevamente y Rousselle tomó la decisión de notificar a la Procuración –la jefatura de fiscales– lo que estaba padeciendo, siguiendo así los caminos formales. Como la fiscal no toleró los maltratos verbales y el desprestigio a su persona como mujer, decidió denunciar administrativamente a Escot por violencia de género.
Fuera de sí
La citación para dar su versión del hecho llegó la mañana de ayer al despacho del magistrado, antes de que terminara un debate por extorsión que presidía. En ese momento, puntualizaron desde Tribunales, comenzó a despotricar contra Rousselle y aseguró que se trataba de una mentira. Se inhibió para continuar el debate cuando restaba desarrollar un alegato y la sentencia y le dijo al abogado del acusado, Ricardo Sánchez, que sentía haberle hecho perder el tiempo por esta situación, pidiéndole si podía ofrecerlo como testigo en la denuncia administrativa. De esta forma, el juicio se declaró nulo porque, como tipifican las normas, el mismo juez que lo inicia debe terminarlo. Ante esto, el imputado aseguró que se iba a quitar la vida.
La fiscal debió explicarles los motivos de la suspensión a los familiares del acusado, presentó un escrito para que reciba asistencia psicológica y solicitó que se desarrolle nuevamente el debate con otro magistrado, en este caso, Gonzalo Guiñazú, presidente de la Cámara. Sin embargo, este magistrado también se molestó y discutió con la fiscal.
Se defendió
Horas después de recibir la notificación de la Corte, Escot habló con este diario y negó tajantemente que ejerciera violencia de género contra la magistrada. “Jamás le falté el respeto como mujer. Lo que tenemos son diferentes formas de interpretar el Derecho. No importa si es mujer u hombre, yo soy un juez independiente y nadie me va a querer imponer su criterio”, agregó.
Asimismo, se refirió particularmente a la denuncia contra su persona. “En todos los años que llevo como juez he trabajado con muchas mujeres, incluso compartí 15 años con una jueza en la Cámara (Laura Gil de Chales, quien está con licencia por un trasplante de corazón) y jamás tuve una denuncia por violencia de género”, explicó.
Con respecto a su decisión de inhibirse para seguir desarrollando debates con Rousselle, señaló: “No puedo trabajar con alguien que cree que soy su enemigo porque veo el Derecho distinto a ella”.
Polémico
Rafael Escot ingresó al Poder Judicial en 1988. Fue fiscal en Tunuyán, juez de Instrucción en Mendoza e integra la Quinta Cámara del Crimen desde el 2001. Es conocido por su pasión por las armas. Tanto es así que iba a los allanamientos con chaleco antibalas y un revólver en la cintura. Estuvo al frente de la investigación de la llamada causa “mafia policial”, una supuesta connivencia entre efectivos y ladrones que quedó en la nada. Desarrolló también la pesquisa por los crímenes de los informantes policiales Zambrano y Rodríguez, que terminó con la absolución de dos conocidos hampones.
Un fallo suyo tuvo repercusión nacional en el 2010: aseguró que una joven atacada por su pareja había muerto porque los médicos la habían desconectado del aparato que la mantenía con vida para donar sus órganos y no por la muerte cerebral que le había causado la bala que ingresó en su cabeza. En los juicios es conocido por intimidar a los testigos a tal punto que muchos de ellos han llegado a llorar. Estuvo enfrentado con su colega en la Cámara, Gonzalo Guiñazú, por viejos conflictos cuando eran jueces de Instrucción. En el ámbito privado, su ex mujer lo denunció por no pasar manutención de sus hijos.
