La Nave Cultural se llenó este sábado de robots, desafíos y jóvenes talentos. Algunos competían con pequeñas máquinas capaces de disputar partidos de fútbol, otros ponían a prueba sus creaciones en circuitos de velocidad, mientras que varios enfrentaban desafíos de sumo y laberintos.

Así se desarrolló una nueva edición de PROBOTAE Robotic Challenge, el torneo que reunió a estudiantes de distintos puntos del país interesados en la robótica y la innovación.

Desde las 9 hasta las 18, las salas del espacio cultural recibieron a participantes, familias y público general. La propuesta, organizada por la Fundación Tomás Alva Edison, Probot School y la Liga Nacional de Robótica (LNR), contó con competencias en cinco disciplinas: sumo, minisumo, fútbol, laberinto y seguidor de línea.

En esta última categoría, los robots debían recorrer un circuito siguiendo un trazado marcado, en una dinámica que podía recordar a una carrera de Fórmula 1.

Los chicos no llegaron solamente a observar cómo funcionaban los robots. Detrás de cada competencia hubo horas de diseño, construcción y programación. Los participantes debieron preparar sus creaciones para superar diferentes pruebas, resolver inconvenientes técnicos y enfrentarse a otros equipos.

La convocatoria también trascendió las fronteras provinciales. A la Nave Cultural llegaron competidores de San Rafael, San Luis, San Juan, La Pampa, Paraná y Bahía Blanca, entre otros puntos del país, que compartieron una jornada de intercambio y aprendizaje.

Aprender a crear, equivocarse y volver a intentar

Más allá de los resultados, uno de los aspectos que atravesó la jornada fue el acompañamiento entre los participantes y sus mentores. Los estudiantes trabajan con sus propias herramientas y ponen en práctica los conocimientos adquiridos, mientras reciben orientación para resolver los problemas que aparecen durante el proceso.

La experiencia también fue valorada por las familias, que destacaron los cambios que observan en los chicos a partir de su participación en este tipo de encuentros.

“Hemos notado que es una experiencia increíble, que les abre la cabeza de una manera que no tiene nombre”, expresó a El Sol una madre.

Otra familiar presente puso el foco en los vínculos que se generan entre los estudiantes y en los valores que adquieren durante las competencias. “Para nosotros como familia significa un montón el tema de los valores que ellos pueden adquirir“, expresó.

En esa misma línea, destacó que los chicos disfrutan de los encuentros más allá de quién obtiene mejores resultados. Cuando alguno tiene una dificultad o falla alguna de las creaciones, los propios compañeros se acercan para ayudarlo. Incluso, señaló que los integrantes de los equipos construyen una relación de compañerismo que va más allá de cada competencia.

La robótica como una oportunidad para todos

Graciela Bertancud, presidenta de la Fundación Tomás Alva Edison, destacó el valor educativo de estas experiencias y la posibilidad de que los chicos aprendan a compartir conocimientos, crear y enfrentar las frustraciones que aparecen durante el proceso.

“Es un lugar donde uno aprende a frustrarse, a crear, a compartir con otros, aprender de otros. A enseñarles a otros. La robótica es una disciplina muy completa”, sostuvo.

Además, buscó transmitir que no se trata de una actividad reservada para quienes tienen conocimientos previos o una formación específica. “Yo tengo 60 años y estoy aprendiendo robótica, chicos. Todo el mundo puede aprender robótica”, afirmó entre risas.

La jornada también permitió visibilizar el trabajo que realizan las instituciones educativas y las familias para acercar a las nuevas generaciones a la ciencia y la tecnología. A través de estas propuestas, los estudiantes no solo incorporan herramientas de programación y electrónica, sino que desarrollan habilidades vinculadas con la creatividad, la resolución de problemas, la perseverancia y el trabajo colaborativo.

En un escenario en el que la inteligencia artificial y la automatización ocupan cada vez más espacio, estos encuentros acercan a los chicos a la posibilidad de comprender, diseñar y construir tecnología desde edades tempranas.

Así, entre partidos de fútbol, pruebas de velocidad y competencias de sumo, PROBOTAE convirtió a la Nave Cultural en un espacio donde la innovación también se aprendió jugando, compartiendo conocimientos y trabajando en equipo.