¿Por qué votarán los mendocinos el año próximo? ¿Por qué Luis Petri cree que puede alcanzar la gobernación en esas elecciones? ¿Qué lo lleva a mostrarse hoy convencido de que es el único en condiciones de enderezar el rumbo de una provincia estancada en su crecimiento, o en pausa, como más le gusta decir? ¿Por qué cree que es una fantasmeada y una falla en el proceso eso de hacer mediciones electorales preguntando por “el candidato de Cornejo”, sin nombre propio, sin incluir, por caso, “el candidato de Kicillof” o “el candidato de Milei”? ¿Qué seguridades lo llevan a afirmar íntimamente que Javier Milei, el Presidente, lo quiere como candidato a gobernador de Mendoza el año que viene? ¿O qué cuestión o razón especial lo lleva a decir que, con o sin Milei, igual puede alcanzar el mayor cetro institucional de la provincia que se pone en juego?

Y quizá lo más impactante de todo: la firmeza con la que sostiene que todo lo que ha hecho en la política, tanto provincial como nacional, donde ha sido ocho años legislador provincial y otros ocho diputado nacional, lo posiciona con los pergaminos suficientes para hacer pata ancha y pisar fuerte en una contienda en la que se siente con altas chances de alcanzar el objetivo.

Desde esa casona de calle Rodríguez al 300, donde funciona la Fundación Mendocinos por el Futuro, Luis Petri viene tejiendo su camino hacia la gobernación que ansía con mucho más ímpetu desde que sorprendiera a medio mundo con aquel 17 por ciento y fracción que alcanzó en la interna de 2023 frente a Alfredo Cornejo, nada más y nada menos. Un porcentaje equivalente a cuatro de cada diez votos emitidos por los radicales y afines dentro del espacio que gobierna la provincia y que lidera Cornejo desde fines de 2015 hasta el presente.

No tengo encuestadores, sostiene con algo de suficiencia. Cuando me preguntan de dónde saco lo que digo de la provincia, de cómo está y qué necesita, respondo que viene de lo que me dicen en la calle, y a mí me dicen que le gane a Cornejo, sostiene.

El entusiasmo del actual diputado nacional y exministro de Defensa de Milei, según deja trascender, en eso de jugarse a todo o nada por la provincia, es alimentado por el desgaste que observa y que, a su entender, está más presente que nunca en el gobierno de Cornejo. Es ahora o nunca, parece decirse, convencido de que las circunstancias jugarán a su favor con un peronismo que no levanta cabeza y ese grupo de posibles candidatos a la sucesión del propio Cornejo que conforman Tadeo García Zalazar, Natalio Mema y el intendente de Capital, Ulpiano Suarez.

Ninguno de los tres, interpreta, está en condiciones de ganarle y, si alguno de ellos lo consiguiese, se revela en su pensamiento, no podría gobernar con la suficiente tranquilidad y autonomía por no poder desembarazarse de la influencia de Cornejo. Algo que conmigo no sucedería.

En una mirada más general, Petri se ve, posiblemente, como la última o una de las últimas fichas o cartas que el sistema republicano tiene para jugarse en Mendoza y evitar, así lo sostiene, que un Cornejo convertido en Rovira –por Carlos, el poderoso e influyente líder político de Misiones desde casi 30 años a esta parte y muchas veces desde las sombras– maneje todos los hilos del poder en Mendoza, una provincia que ha hecho gala de una sana institucionalidad y de una alternancia en el poder que ha sido la envidia de muchas provincias del país. Con algunos de los nombres que alimenta Cornejo para la sucesión, cree, obteniendo la gobernación el año próximo, la provincia corre seriamente el peligro de ingresar en la lista de los territorios feudales.

Es una mirada que explica buena parte de la intensidad con la que Petri está encarando esta elección. No se presenta solamente como alguien que quiere suceder a Cornejo. Se presenta como quien cree que puede impedir que Cornejo termine consolidando un esquema de poder capaz de sobrevivir a su propia salida de la gobernación.

A quien le pregunta, Petri suele responderle que no se está manejando con encuestas en Mendoza, aunque afirma que le llegan igual, probablemente de consultores que buscan congraciarse con él o que, con sorpresiva simpleza, le acercan resultados que lo posicionan como el más preferible entre todos.

Petri pasa los días entre Buenos Aires y Mendoza. En CABA, de lunes a jueves; en Mendoza, desde el jueves hasta el fin de semana, días en los que aprovecha para caminar la provincia sembrando su sueño.

Desconfía de ese acuerdo político-electoral entre Milei y Cornejo del cual se afirma que el partido del Presidente, La Libertad Avanza, no presentará candidatos a la gobernación para no incomodar al gobernador mendocino y como respuesta al apoyo de Cornejo a la gesta presidencial. Hoy Cornejo no incide, más allá de dos diputados y dos senadores, comenta Petri y se pregunta, desconfiado, por qué Milei se aferraría a ese pacto pudiendo imponerse por su propio peso y con un Cornejo que tendría, según su visión, más imagen negativa que positiva en Mendoza, transfiriendo eso a sus posibles o potenciales candidatos.

Por el contrario, Petri sostiene que Milei lo prefiere a él como candidato en la provincia, que es amigo del presidente y que se conocen de la época en la que ambos iban de canal en canal alimentando los debates y los paneles de índole político y económico que se agitaban en la televisión, con Milei como protagonista.

Reconoce, además, no tener el mismo trato con Karina Milei, la hermanísima armadora y dueña de la estrategia política del gobierno para las elecciones, pero que se llevan bien y que, si aún llegara a presentarse un panorama adverso para sus intenciones, sin apoyo presidencial, igual se presentaría y que nada ni nadie, al menos hoy, podría hacerlo renunciar a su objetivo.

Es una convicción que viene de antes, deja trascender, y que, en su cabeza, tiene un capítulo decisivo en aquella interna de 2023. Siempre se dijo, comenta, producto de lo que supuestamente Cornejo dejó circular para perjudicarlo, que sus ansias de ser candidato y su decisión tenaz por enfrentar al oficialismo tenían como fin último ser legislador nacional. Cuando Cornejo le ganó en aquella interna, inmediatamente le ofreció encabezar la lista de legisladores nacionales. Si yo aceptaba, la gente diría que Cornejo había tenido razón. Le dije que no y me fui al llano.

Después sería el candidato a vicepresidente de la fórmula que encabezó Patricia Bullrich, alcanzando el tercer lugar de las preferencias, detrás del peronista Sergio Massa y del propio Milei, quien llegaría a la segunda vuelta para imponerse en aquellas trascendentales elecciones para el país.

Ahora Petri vuelve a jugarse entero en Mendoza. ¿Y qué le pasa a Mendoza? Mendoza está estancada y en pausa, como le gusta decir; un lema de campaña electoral que afirma haber tomado de sus charlas con algunos mendocinos a los que fue entrevistando en sus salidas al llano. La idea no es nueva en su discurso: desde hace tiempo presenta a la provincia como una economía con capacidades y recursos que, según su interpretación, no logra transformarse en crecimiento sostenido.

Según afirma, tiene un plan para cada uno de los sectores que componen la diversa estructura económica de la provincia, empezando por la vitivinicultura, a la que dice que hay que rescatar para colocarla nuevamente en los primeros planos internacionales, porque su salvación pasa hoy por las exportaciones, por la venta al mundo del producto y por mejorar su competitividad.

En principio, sugiere una profunda revisión del sistema impositivo que depende de la provincia para todo el sistema económico, con especial atención sobre Ingresos Brutos, Sellos y una mirada particular sobre los impuestos patrimoniales.

Petri, en verdad, parece hoy estar construyendo una explicación para su propia candidatura. La interna de 2023 le dejó una cifra que considera suficiente para demostrar que puede desafiar al poder del partido en el que nació y que dejó por el presidente libertario. Su paso por el Congreso le aporta experiencia. Su llegada al Ministerio de Defensa lo acercó al Milei. Su candidatura a vicepresidente lo puso en una boleta nacional. Y su actual pertenencia al universo libertario le permite imaginar que una eventual candidatura a gobernador puede convertirse, al mismo tiempo, en una disputa por quién representa en Mendoza al proyecto político de Milei.

Con esas cartas sobre la mesa, Petri juega su propia partida. Y, por ahora, no parece dispuesto a guardarse ninguna.