Una propiedad de Luján volvió a quedar en el centro de una investigación por venta de drogas. El lugar ya había sido allanado otras veces y uno de sus nombres más conocidos es el de Mayra Estefanía Baigorria, quien cumplía detención domiciliaria por una causa reciente y, según la pesquisa federal, habría continuado vinculada al narcomenudeo. Esta mujer de 34 años es la madre de los hijos de Franco el Boli Vélez, actualmente preso, con un pasado vinculado al delito y compañero de causa de ella.
Este viernes durante la noche y el sábado a la madrugada, después de cuatro meses de seguimientos, tareas de inteligencia y trabajos de campo, efectivos de la Policía Federal regresaron a esa vivienda y a otros tres domicilios. Encontraron cocaína, marihuana, elementos para fraccionamiento y dinero. Pero hubo un hallazgo que llamó especialmente la atención: parte de la droga estaba enterrada en un descampado y fue localizada por Catalina, una perra entrenada para detectar estupefacientes.
La investigación comenzó el 27 de mayo y estuvo a cargo de la Unidad de Inteligencia Criminal que depende de la DUOF de la Policía Federal. Los investigadores siguieron los movimientos de personas y domicilios que ya habían aparecido en expedientes anteriores y que están en instrucción.
El trabajo permitió establecer, según la pesquisa, que en distintos puntos de Luján y Maipú se desarrollaban maniobras vinculadas con el almacenamiento, fraccionamiento y venta de drogas en pequeñas cantidades.
Uno de los puntos que volvió a aparecer fue la vivienda de calle La Unión y Los Chañares, en el barrio Eco Chacras. No es un domicilio desconocido para los policías.
En octubre del año pasado ya había formado parte de un importante operativo contra un grupo al que se vinculaba con Franco Luis Guillermo Vélez Villafañe, el citado Boli. En las últimas horas, casi un año después, el domicilio volvió a ser allanado y Baigorria terminó nuevamente detenida.
La investigación también alcanzó a Gustavo Javier Campos, alias Javi, señalado como nueva pareja de Mayra y a quien los federales habrían detectado realizando maniobras relacionadas con la comercialización de estupefacientes. Campos es la misma persona a la que en el entorno conocían anteriormente como Tamara: nació con ese nombre, pero posteriormente realizó un cambio de género y actualmente figura con otro nombre en su DNI.
Para los pesquisas, el vínculo con Baigorria no sería solamente personal: buscaban establecer qué función habría cumplido dentro de la estructura de venta que volvió a quedar expuesta con los allanamientos.
Un pasado complejo
La historia de Vélez permite entender por qué los efectivos volvieron a mirar hacia ese sector. El Boli, de 40 años, aparece desde hace casi dos décadas en expedientes policiales y judiciales de la provincia.
Su nombre comenzó a circular en el 2006 y, con el paso de los años, quedó relacionado con causas por robos, amenazas, abuso sexual y drogas. En el 2015 llegó al fuero federal por una causa por infracción a la Ley de Estupefacientes 23.737 que también alcanzó a familiares y que tuvo como escenario el barrio Eco Chacras, sobre calle La Unión.
Pero la historia del Boli también tuvo episodios de violencia que lo ubicaron en el otro lado del delito. En enero del 2018 fue secuestrado en una casa de calle Los Álamos por tres hombres armados que simularon ser policías.
Un vecino que intentó intervenir recibió un disparo y Vélez apareció horas después gravemente golpeado en el oeste de Godoy Cruz. Los investigadores de aquel momento sospecharon que el ataque podía estar relacionado con el negocio de la droga. Al año siguiente, además, su nombre copó el expediente por un doble homicidio ocurrido en una casa de calle La Unión, en un contexto que los pesquisas vincularon con una transacción narco.
En octubre del 2025, la Policía Federal y la Policía contra el Narcotráfico (PCN) ya habían desplegado un operativo de grandes dimensiones en Vertientes del Pedemonte. La investigación había detectado al menos diez domicilios relacionados con Vélez y personas de su entorno.
En aquellos procedimientos secuestraron 1.035,60 gramos de cocaína, distribuidos en un ladrillo y 12 dosis, además de marihuana, casi medio millón de pesos, 16 teléfonos celulares, tres balanzas de precisión, vehículos y elementos que fueron considerados de interés para investigar un posible circuito de lavado de activos.

La nueva investigación
Este fin de semana, el nuevo expediente volvió a poner bajo la lupa a varios de esos protagonistas. En la casa fueron detenidos Baigorria, Jennifer Lourdes Lobos y el Javi Campos. Por informaron a la que accedió El Sol, sospechan que Lobos podía cumplir una función de vendedora y que esa modalidad habría permitido que Baigorria quedara más alejada de la comercialización directa. En el lugar, además, funcionaba aparentemente un negocio que, según la pesquisa, tenía poca actividad real.
El Javi es otro de los nombres que aparece en la investigación. Durante los cuatro meses de trabajo de inteligencia, los federales habrían registrado movimientos que lo vincularían con la comercialización o los típicos pases de manos. La pesquisa busca determinar ahora cuál era exactamente su función dentro de la estructura y qué relación mantenía con los restantes investigados.
Otro de los domicilios allanados fue el de Verónica Patricia Lucero, madre de Baigorria. Allí los federales encontraron balanzas y otros elementos utilizados para el fraccionamiento. La hipótesis que manejan es que ese inmueble podía funcionar como uno de los puntos donde se preparaba la droga antes de ser trasladada para su comercialización. Parte de esos movimientos habría sido realizada en un Renault Clio.
El regreso del “Boli”: la historia del delincuente que no para de caer por venta de drogas
Desde hace casi dos décadas, el nombre de Franco Luis Guillermo Vélez Villafañe, conocido como el Boli, resuena en los pasillos judiciales y policiales de Mendoza. A sus 39 años, su prontuario es tan extenso como su fama en los barrios…
El cuarto detenido fue Darío César Ochoa, quien arrastraba un antecedente inmediato dentro de esta historia.
En octubre del año pasado había sido allanado en el marco de la investigación que involucraba a Vélez y, de acuerdo con las fuentes, en aquella oportunidad se encontró droga que se sospechaba pertenecía al Boli. Esta vez volvió a ser localizado en su domicilio mientras debía cumplir una detención domiciliaria, pero en otra casa.
No llevaba pulsera electrónica y quedó nuevamente detenido por el incumplimiento de ese régimen.
Los cuatro procedimientos terminaron con cinco personas a disposición de la Justicia y el secuestro de casi medio kilo de cocaína, distribuida en unas 200 dosis y piedras compactadas, además de marihuana, una balanza de precisión, recortes de nylon negro, dinero y documentación. Sin embargo, el procedimiento que terminó de darle una escena particular al operativo ocurrió en uno de los inmuebles de Luján.
Los efectivos desplegaron un rastrillaje en un descampado lindero. Allí ingresó Catalina. La perra detectora marcó un sector y permitió encontrar estupefacientes que habían sido ocultados bajo tierra.
El hallazgo terminó de confirmar para los pesquisas una de las sospechas que habían surgido durante los meses de vigilancia: que la droga no necesariamente permanecía dentro de las viviendas y que también podía ser escondida en lugares cercanos para dificultar su descubrimiento durante un allanamiento.
Los allanamientos fueron solicitados por el auxiliar fiscal Juan Manuel González y la fiscal Patricia Santoni. Los autorizó el juez Marcelo Garnica. A principios de esta semana, se desarrollará la audiencia de formalización de acusación. Es más que probable que Baigorria pierda todo tipo de beneficio y vuelva al penal.
Por último, trascendió que sus hijos menores, que estaban con ella al momento de la captura y que eran la pieza fundamental que le permitían estar presa en su casa (también había otras criaturas), quedaron a disposición de los ETI.
