Josefa Sandoval y Alfonso Barreto, los dos bolivianos detenidos y parte de las cápsulas que llevaban en el vientre.

La detención de una pareja de ciudadanos bolivianos que transportaba casi dos kilos y medio de cocaína dentro de su organismo no solo permitió sacar de circulación 188 cápsulas con droga. Para los investigadores, el procedimiento dejó al descubierto lo que parece un cambio en el funcionamiento de las organizaciones narco que utilizan “capsuleros“: Mendoza dejó de ser un lugar de paso para convertirse en un punto de descarga antes de que la cocaína continúe su viaje hacia el sur del país.

La modalidad es conocida desde hace años en provincias del norte argentino, como Salta, Jujuy y Tucumán, donde las “mulas” cruzan la frontera con decenas de cápsulas de cocaína ingeridas para eludir los controles.

Sin embargo, fuentes ligadas a las pesquisas sostienen que el esquema comenzó a replicarse con mayor frecuencia en Mendoza. La principal diferencia radica en que los transportistas ya no necesariamente recorren todo el trayecto hasta Córdoba o Buenos Aires, como ocurría habitualmente.

Desde hace un tiempo, la droga es evacuada en territorio local, en inmuebles previamente acordados o en lugares indicados por quienes controlan el cargamento, para luego ser redistribuida hacia distintas provincias del sur del país.

El caso que encendió las alarmas comenzó varios días antes del operativo. La Unidad de Investigaciones de Delitos Complejos y Procedimientos Judiciales de Gendarmería reunió información que apuntaba a una pareja de nacionalidad boliviana que viajaba en un colectivo de larga distancia procedente del norte.

Con esos datos, se coordinó el 24 de junio un trabajo conjunto con personal de San Juan para localizar el micro y seguirlo sin intervenir, con el objetivo de realizar un control más preciso cuando ingresara a Mendoza.

Los sospechosos fueron identificados cuando el transporte llegó a la provincia como Josefa Sandoval (52) y Alfonso Barreto (40), oriundos de Santa Cruz de la Sierra.

Durante la entrevista con los gendarmes, las respuestas sobre el motivo del viaje y su ingreso al país no coincidían entre ambos. “Presentaron contradicciones”, detallaron fuentes judiciales que hablaron con El Sol.

A eso se sumó un detalle que llamó la atención de los pesquisas: entre sus pertenencias llevaban guantes de látex, omeprazol y Sertal, elementos que suelen aparecer en este tipo de maniobras. Mientras el protector gástrico ayuda a reducir la acidez del estómago, el antiespasmódico puede ser utilizado para aliviar los dolores derivados del traslado de las cápsulas.

Con autorización judicial, ambos fueron trasladados al Hospital de Lavalle. Apenas ingresaron al centro asistencial, comenzaron a expulsar cápsulas con cocaína, confirmando las sospechas y los trabajos investigativos.

Luego permanecieron cuatro días internados y bajo custodia hasta completar el proceso de evacuación.

En total, expulsó 96 cápsulas y el hombre, de 40, otras 92. El conteo final arrojó 188 cápsulas con un peso de 2.456 gramos de cocaína. Tras recibir el alta médica, ambos quedaron detenidos y fueron alojados en la Unidad Penitenciaria 32, por disposición de la Justicia federal.

Para quienes trabajan casos de narcocriminalidad, la evolución del narcotráfico en la región, el procedimiento no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una transformación logística.

La utilización de personas que trasladan el polvo blanco dentro de su cuerpo reduce el riesgo de detección durante los controles vehiculares y dificulta vincular el cargamento con otros integrantes de la organización.

Una vez que las cápsulas son recuperadas, el estupefaciente puede volver a fraccionarse y continuar viaje mediante otros transportes o encomiendas, minimizando la exposición de los responsables de mayor jerarquía.

El otro caso reciente

El antecedente más cercano ocurrió a fines de mayo en el Sur provincial y también tuvo como protagonista un cargamento compuesto por cápsulas de cocaína. En esa oportunidad, efectivos de Gendarmería que controlaban un colectivo que viajaba desde Mendoza hacia San Carlos de Bariloche detectaron, con la ayuda del perro antinarcóticos “Eko”, un doble fondo en una valija donde había 184 cápsulas con 2,168 kilos de cocaína.

La mujer que transportaba el equipaje aseguró que se lo habían entregado en la Terminal de Mendoza y que desconocía su contenido.

Aunque los mecanismos de traslado fueron distintos, ambos procedimientos muestran un mismo patrón: Mendoza aparece cada vez con mayor frecuencia como un punto estratégico dentro del circuito que abastece de cocaína a las provincias del sur del país.

Las cápsulas incautadas en el Sur a fines de mayo.