Luis Pierrini, en el centro; Gerardo Boschín, a la izquierda, y Facundo Leal, a la derecha.

No está imputado. No figura entre los acusados. No aparece señalado por los investigadores. Pero para muchos conocedores de la trama, resulta imposible entender la historia de los mendocinos que dominaron ARSAT sin detenerse en la figura de Luis Pierrini, el empresario que durante años construyó relaciones que atravesaron gobiernos, partidos políticos y sectores económicos.

Pierrini no es un hombre de la política. Es un hombre de seguros. Y, desde ese lugar, tejió su red de contactos. Entre ellos, los imputados Facundo Leal, Gerardo Boschín y Juan Andrés Navarro.

El empresario que quería jugar en las grandes ligas

Pierrini construyó su carrera al frente de Triunfo Seguros, una compañía nacida en Mendoza. Esa fue y sigue siendo su búnker. Desde allí se proyectó. Y convirtió a su empresa en la excusa perfecta para entreverarse con el poder. Todo con tal de influir.

En los últimos 15 años entendió cómo moverse en eso los laberintos. Eso le permitió abandonar el anonimato y convertirse en un rostro familiar en los ámbitos donde se mezclan y juegan fuerte empresarios, funcionarios, dirigentes políticos y operadores de poder.

Le gustaba estar cerca. Conocer. Escuchar. Establecer vínculos.

En ese proceso fue construyendo vínculos que terminarían siendo determinantes para su crecimiento. Uno de ellos fue Juan Pazo, mano derecha del ministro de Economía, Luis Caputo, y a quienes están viendo de reojo mientras avanza la causa contra la “banda de los mendocinos”.

La relación con Pierrini llegó durante el gobierno de Mauricio Macri, cuando Pazo ocupó la Superintendencia de Seguros de la Nación. La relación entre ambos trascendió esa gestión, al punto de compartir inversiones y proyectos.

A partir de esos años, Triunfo Seguro obtuvo distintas autorizaciones regulatorias y concretó modificaciones administrativas relevantes para su estructura, como el cambio de domicilio fiscal. Abandonó Mendoza y trasladó su domicilio fiscal a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Con el tiempo, Pazo se transformó en uno de los hombres más poderosos del esquema económico nacional, con vínculos políticos muy fuertes con el Gobierno de Mendoza: tuvo un rol clave en el proceso de reprivatización de IMPSA.

Cuando hubo que elegir un nombre para conducir la Secretaría de Transporte, Pierrini apareció entre los favoritos.

No era un especialista en transporte. No provenía del sector ferroviario. Tampoco tenía antecedentes de gestión pública. Fue la consecuencia de las relaciones que construyó durante años.

Roldán, Albistur y la construcción de una red

Roldán, el restorán en CABA, es, precisamente, epicentro del lobby empresarial y político. Son varias las caras mendocinas que suelen verse allí. O solían. Una de ellas, la del ex secretario de Transporte.

El vínculo con dirigentes de distintas extracciones políticas encontró un ámbito ideal para ampliar su red de contactos. Entre ellos apareció Enrique “Pepe” Albistur. Empresario publicitario, ex secretario de Medios durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y amigo personal de Alberto Fernández. Dueño del departamento en que el ex presidente vivió durante años de prestado.

Para cuando el Frente de Todos ganó las elecciones presidenciales en 2019, Albistur y Pierrini ya mantenían una relación frecuente. Y hay quienes entienden que allí, junto con los lazos existentes con el massismo, apareció la llave para llevar, años después, a Leal a la presidencia de Arsat.

El vínculo con Leal

Facundo Leal y el titular de Triunfo se conocieron antes de las aventuras juntos en Buenos Aires. De la vida, del esquí, de Las Leñas.

Pero hace poco menos de diez años decidieron encarar el proyecto de construir poder fuera de la provincia. Aunque Leal ya había desembarcado mucho antes.

Lo hizo en 2006, de la mano de Rodolfo Gabrielli. El ex gobernador mendocino fue una de las figuras centrales de la etapa fundacional de ARSAT y terminó convirtiéndose en su primer presidente. Leal llegó bajo su protección y durante años fue considerado su hombre de mayor confianza.

Hoy, esa relación, está absolutamente rota.

La guerra silenciosa por ARSAT

Cuando el perokirchnerismo regresó a la Casa Rosada en 2019 comenzó una disputa casi personal. Tanto Gabrielli como Leal aspiraban a controlar la conducción de ARSAT. Los dos entendían la importancia estratégica de la empresa. Los dos tenían relaciones políticas para pelear el cargo. Leal logró imponerse. Fue nombrado en 2022.

En la reconstrucción política, Pierrini, Albistur y el resto del massimo jugaron para que eso ocurriera. El tándem se completó con Claudio Ambrosini, que había asumido en el Enacom (Ente Nacional de Comunicaciones) en 2020.

Es decir: si hay sospechas de que Leal cobraba coimas con el negocio de la fibra óptica, nada era ajeno al Enacom. Los contratos con fibra óptica eran millonarios, siempre por encima o cercano a los 100 millones de dólares. En ese punto, la historia toca casi directamente a Sergio Tomás Massa.

La banda de los mendocinos

Con Leal en la presidencia comenzó a consolidarse un núcleo de funcionarios mendocinos que fue acumulando influencia dentro de la empresa.

Gerardo Boschín y Juan Andrés Navarro, y otros nombres que orbitaban Arsat, como Octavio Falasco. Los crecimientos patrimoniales fueron exponenciales.

Lograron subsistir el cambio de gestión y advenimiento del gobierno libertario. Leal lo hizo al menos un mes. Detrás de él, se impulsó una denuncia por el robo de materiales relacionados con el negocio de la fibra óptica.

Esa investigación puso el ojo en el depósito de dónde habían desparecido los insumos. Y ese camino llevó a que el juez Lino Mirábile y al fiscal Fernando Domínguez pusieran rumbo hacia los domicilios de Leal y compañía.

La AFA, los aviones y el juego de espías

El año pasado, cuando a Pierrini lo eligieron para conducir la política de transporte en el país, se llevó a Leal y lo ubicó en un organismo clave: ORSNA. Es el ente que se encarga de absolutamente toda la actividad en los aeropuertos argentinos. Por ejemplo, dar la orden de dejar pasar a una pasajera con valijas sin que pasen por los mecanismos de control y supervisión.

Algo así, se cree, pudo haber ocurrido con la historia de Laura Arrieta, la empleada de Leonardo Scatturice, el empresario ligado a los servicios de inteligencia. Un llamado telefónico cambió la historia para la mujer que había llegado desde Estados Unidos en una nave “total black” del dueño de Flybondi.

No es el primer problema que Pierrini y Leal tienen con aviones. De hecho, salieron eyectados de Transporte casualmente luego de que se sospechara que habían viajado a Barcelona en un avión vinculado con Pablo Toviggino, el hombre fuerte de la AFA.

Pero, al parecer, el vínculo no era con el tesorero de la AFA, sino con quien era su mano derecha: el abogado Juan Pablo Beacon, complicado en la investigación por lavado que involucra a las autoridades del fútbol argentino.

Beacon tenía la idea de darle una cobertura de seguro a todos los jugadores federados en el país. De concretarse, una póliza majestuosa. ¿La empresa preferida? Triunfo Seguros.

Por ahora, Pierrini ni asoma en el expediente. E incluso así, todas las miradas lo apuntan. Básicamente, luego de que a Leal le secuestraran un maletín con dispositivos para hacer espionaje. Un aparejo destinado a hacer cámaras ocultas, grabaciones secretas, seguimientos por GPS o inhibir señales de celulares.

La duda es con quién, para quién y contra quién fueron usados esos gadget. Si fue un servicio para terceros o eran de consumo personal. Y, en todo caso, dónde habrá quedado guardado ese material. Porque por más que suena antiguo y existan nanodispositivos de almacenamiento, de allanamiento en la casa Boschín sólo se llevaron un CD.

Los “amigos del poder” de Pierrini están preocupados. Muchos de ellos tuvieron contacto con ex titular de Arsat a través y a pedido del empresario de seguros. Y temen que Leal se los lleve puesto.