De repente, en la tele, en la radio, en las redes sociales empiezan a aparecer palabras que nunca usamos. Ya existían desde hacía tiempo pero no habían llegado a la comunicación cotidiana. De sopetón, nos encontramos con que se incorporaron a nuestro vocabulario sin siquiera tener la capacidad de definirlas exactamente. Fandom es uno de esos términos que se ganaron un lugar. Los televidentes de Gran hermano, en un momento empezaron a hablar de fandom para referirse a los seguidores de tal o cual participante: ꟷ ¡El fandom de Furia va a votar para que se vaya tal! ꟷAquel no tiene fandom importante, seguro queda afuera. Eran algunas de las frases que se podía escuchar.
Si se piensa en seguidores de un artista, es imprescindible hablar de la beatlemanía: era el año 1965 y el “pelo largo” de los Beatles – que en realidad era un flequillo, un corte taza, o corte mopa- se había puesto de moda entre los jóvenes que desafiaban las normas escolares. Hay un póster de ese año donde los cuatro posan con unos paraguas y se puede apreciar claramente ese “corte rebelde”. Esas chicas, esos chicos eran el fandom de los Beatles.
Otra de las palabras nuevitas es cosplay para designar a las personas que se visten y se maquillan para asemejarse lo más posible a los personajes de animé, manga, videojuegos o literatura japonesa -sí, algunas de esas palabras son bastante desconocidas también – y entonces nos encontramos con programas de entretenimientos con participantes que aparecen con el pelo celeste o con vestidos coloridos, almidonados y maquillajes excesivos que dibujan ojos redondos y pestañas larguísimas. Otro término que está flotando en el aire cuando hablamos de cultura japonesa es Otaku. Esa palabra tiene muchas acepciones, muchas posibilidades de significado pero a grandes rasgos señala a quienes sienten una pasión casi obsesiva por el animé y está ligada a los cómics, las películas y los videojuegos. Hasta tienen un día, el día del Otaku, se celebra el 15 de diciembre de cada año. El año pasado Mendoza se convirtió en la capital nacional del universo Otaku, Mendotaku, fue una propuesta que combinaba entretenimiento, arte, música y concursos en diferentes stands. Se propusieron espacios para unir música y dibujo, edición, una pasarela para traer a la vida al personaje preferido, en definitiva, un lugar en el que se pudieron encontrar ese grupo de adolescentes fanáticos de la cultura pop asiática.
En los últimos tiempos apareció otro grupo, los therians, son muchachas y muchachos que se identifican espiritualmente, según explican, con animales y, a veces, se agregan algún accesorio como una cola o una máscara para los encuentros que realizan, de tanto en tanto, en algún espacio abierto.
Todo este mundo tiene su anclaje en las redes sociales, hasta se las llama tribus digitales, sin embargo, si nos ponemos a pensar, la adolescencia, la de antes y la de ahora, siempre buscó modos de identificación colectiva, una especie de aviso hacia afuera, una manera de comunicar a partir de una prenda de vestir, un peinado, un accesorio. Una remera de Marilyn Manson, un morral verde, una blusa de voilè hindú o una profusión de piercings y expansores para encontrar la identidad y un grupo de pertenencia. Hace dos décadas se había puesto de moda el estilo de los floggers, se los reconocía por los pasitos de baile, las zapatillas, los pantalones chupines y, sobre todo, por el corte de pelo con flequillo largo. Todos eran usuarios de la red social Fotolog.
La velocidad con la que cambia la tecnología, la aparición de nuevas plataformas hace que muchos de esos universos sean bastante efímeros, tienen un ascenso y una decadencia muy rápida, de modo que ni siquiera alcanza a completar los años adolescentes de sus seguidores y los dejan “huérfanos” de grupo de contención.
Hasta el uso de la palabra tribu mutó en otro significado, dejó de ser el sustantivo colectivo de indios para señalar a un grupo de personas que tienen la misma afición y planean reuniones en plazas para compartir un rato. Tribus urbanas, tribus digitales.
En definitiva, toda esa creación de mundos, llenos de palabras nuevas, maneras de expresarse, estilos de música o peinados característicos, lo que busca es un espacio de contención, formar parte de algo más grande, ser parte de algo más que la propia individualidad, sentirse mancomunado junto con otras personas, marcar diferencias con la sociedad al mismo tiempo que se construye una identidad con un grupo del que se forma parte. Algo así como el fandom del propio estilo. Y para eso, antes, ahora y siempre es necesario contar “Con una ayudita de mis amigos”.
