En la homilía de la misa de Navidad celebrada en la basílica de San Pedro, el papa León XIV puso el foco en el sufrimiento de las poblaciones más vulnerables del mundo, con especial mención a los habitantes de Gaza, los desplazados y refugiados en distintos continentes y las personas sin hogar en las grandes ciudades. La celebración marcó un hecho inusual: fue la primera misa de Navidad oficiada por un pontífice en el Vaticano desde 1994.
Durante el oficio religioso, el pontífice estadounidense sostuvo que el mensaje central del nacimiento de Jesús interpela directamente a la realidad contemporánea. Afirmó que la fe cristiana exige “tocar la miseria humana” y asumir el contacto con la “carne sufriente” de los más frágiles, en alusión a quienes padecen las consecuencias de guerras, desplazamientos forzados y exclusión social.
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León XIV describió como “frágil” la situación de las poblaciones indefensas afectadas por conflictos armados, así como la de los jóvenes obligados a combatir, a quienes atribuyó una carga de violencia, manipulación y discursos vacíos por parte de los responsables políticos y militares. En ese marco, planteó que la paz solo comienza cuando el dolor ajeno atraviesa las certezas individuales y genera una respuesta ética y solidaria.
El Papa señaló que la paz “nace de un llanto escuchado” y de una solidaridad que emerge incluso entre ruinas, y vinculó el sentido de la Navidad con una Iglesia misionera, orientada no al poder ni a la imposición, sino a una presencia que promueva el bien común desde la escucha. Tras la misa, estaba previsto que León XIV se asomara al balcón central de la basílica para pronunciar el tradicional mensaje de Navidad y la bendición Urbi et Orbi.
