La orden la había activado a mediados de agosto, cuando se conocieron los primeros audios en los que Diego Spagnuolo, ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), relataba detalles de la trama de sobornos en la compra de medicamentos que investiga la Justicia y que golpeó de lleno al gobierno de Javier Milei. Alfredo Cornejo la volvió a confirmar a todo su gabinete el domingo, tras la dura derrota electoral de La Libertad Avanza (LLA) en la provincia de Buenos Aires:
“Nos vamos a hacer cargo de la campaña: de la provincial, desde ya, destacando todo lo que se ha hecho y donde pondremos todo el acento; pero también de la nacional, sólo resaltando la dirección y el rumbo económico del país”.
Desde que se firmó el acuerdo con el partido del libertario para afrontar juntos la doble cita electoral del 26 de octubre, pareciera que la administración de Cornejo no ha dejado de recibir malas noticias sobre la estrategia elegida. Entre el caso de los polémicos audios y los comicios bonaerenses del domingo, los mandatarios más progresistas y desarrollistas del país —con quienes el propio mendocino había articulado acciones para acompañar al presidente y protegerlo del acoso, a veces irracional, de la oposición K— lanzaron una coalición que emerge como alternativa racional frente a los extremos que dominan la política nacional. Una sociedad de la que, sin dudas, el gobernador hubiese querido ser parte desde el inicio y a la que intentará sumarse después de octubre, cualquiera sea el resultado.
De hecho, ni siquiera había pasado un día del anuncio de ese “grito federal” que dio origen al grupo Provincias Unidas cuando uno de sus integrantes habría llamado a Cornejo para ofrecerle, junto al resto de sus colegas, visitar Mendoza en plena campaña como gesto de apoyo a su gestión. En ese espacio confluyen Maxi Pullaro (Santa Fe), Nacho Torres (Chubut), Martín Llaryora (Córdoba), Claudio Vidal (Santa Cruz) y Carlos Sadir (Jujuy). Cerca de ellos se ubica también Rogelio Frigerio (Entre Ríos). Todo indica que, desde esa base, podría gestarse a partir de octubre —y con más fuerza desde el año próximo— un frente con volumen político y social capaz de posicionarse como contrapeso tanto de Milei como del nuevo kirchnerismo, que probablemente se reorganice alrededor de Axel Kicillof, sin dudas el gran triunfador de las elecciones bonaerenses.
Ese triunfo de Kicillof, de una magnitud mayor a la esperada, abrió un panorama incierto de cara a octubre en todo el país. Está claro que será una contienda muy distinta de la provincial bonaerense: se votará con un diseño de boleta diferente y se elegirán diputados y senadores nacionales (en el caso de Mendoza, sólo diputados). Pero para oficialistas y opositores en todas las provincias, la caída de Milei obliga, cuanto menos, a revisar la táctica para el 26.
Así como Cornejo pondrá el foco en la pulseada provincial y defenderá la adhesión al presidente en lo que significó su llegada al poder en noviembre de 2023, persiste la duda sobre el rol de Luis Petri, cabeza de lista de diputados. Hasta antes del escándalo de los audios en la ANDIS, Petri era una carta segura para superar sin sobresaltos el examen en Mendoza. Hoy es un interrogante. Y aún no aparece en escena. ¿Qué dirá frente a las dificultades que atraviesa su jefe político en la Nación? ¿Cuál será su respuesta ante las sospechas sobre el papel de Karina Milei en torno al presunto cobro de coimas? ¿Cómo explicará la estrategia diseñada por *El Jefe* para las provincias? Será interesante escuchar al ministro de Defensa que, hasta hace poco, surfeaba las olas políticas locales y nacionales como uno de los mejor posicionados, tanto para este turno electoral como para 2027.
El peronismo mendocino, en tanto, se ha visto revitalizado después del golpe de Kicillof en Buenos Aires. Sus referentes, especialmente los intendentes, no dudan en sostener que la consigna es seguir la línea del ex ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner: “Hay que ponerle un freno a Milei”. La otra, menos difundida pero presente, reza: “Cornejo es Milei”. Así, en Mendoza habrá dos propuestas llamativas: por un lado, un Cornejo reivindicando lo hecho desde 2015 y aceptando el programa económico del libertario en términos generales, aunque criticando aspectos de la gestión y su estilo, mientras advierte sobre el fantasma K: “Nadie puede dar por muerto al kirchnerismo”, insiste. Por el otro, un justicialismo que, si nacionaliza la campaña para pegar a Cornejo con Milei y sus problemas, corre el riesgo de desaprovechar otra vez la oportunidad de hablar de Mendoza: de todo lo que no se hizo y se reclama desde que el actual oficialismo provincial le arrebató el poder.
