La industria vitivinícola de Mendoza se encuentra atravesando una “profunda crisis”, donde hay zonas que están siendo más afectadas que otras. Incluso, según referentes del sector en la provincia, apuntaron a que cada vez crece más el porcentaje de productores que van desapareciendo de la actividad por “falta de rentabilidad”.
Una situación que no concuerda con los datos presentados por el el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), donde la provincia lideró la producción, contribuyendo con 14.7 millones de quintales, lo que representa el 75% del total nacional. Sin embargo, los productores explicaron que las condiciones de pago no son “óptimas” y que reciben cheques de hasta “seis meses” que los terminan perjudicando.
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El presidente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (Acovi), Fabián Ruggeri explicó que la viticultura no es rentable en algunos viñedos, no es que suceda en todos por igual. Pero que es una realidad que el sector está en “crisis en todo el mundo” y no solamente en Mendoza.
“Hay un porcentaje de productores que van desapareciendo de la actividad por falta de rentabilidad, como pasa absolutamente con cualquier actividad económica. En algunas zonas existen uvas de menor precio y, en consecuencia, tienen una crisis más profunda”, detalló.
Uno de los grandes factores del panorama, Ruggeri es que se pagó la producción con cheques a varios meses y el precio es el mismo que en el 2024. Esto entendiendo que el costo operativo de una hectárea de viña de uva fina está entre 4.000 y 4.200 dólares al año.

“El pago con cheques es moneda corriente y a varios meses, lamentablemente son las reglas del juego. Lo correcto sería que paguen en una condición que se acepte, pero a un interés razonable para que cubra la pérdida de poder adquisitivo que se va a tener en ese lapso”, ejemplificó en diálogo con El Sol.
La negociación es clave para entender la realidad del sector vitivinícola, esto debido a que si hay un faltante de uva las “exigencias” del pago serían otras. Todo lo contrario pasaría cuando sobra uva, ya que sería por una menor cifra.
Toda una industria afectada
Lejos de recaer sólo en los productores, quienes indicaron que el “negocio no cierra”, el sector del traslado como también del fraccionamiento han sentido los efectos de la crisis.
Mauro Sosa, del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, se sinceró a la hora de declarar que “hay una gran preocupación en toda la cadena”. Sin olvidar que se trabaja con unos “costos” que están siempre por encima de las posibilidades de ingresos.
“En el sector del traslado de vinos también existe una situación de precios muy bajos, tanto en los varietales de blancos, tintos, como en el mosto. No hay manera de remontar los precios”, sentenció.

El especialista arrojó que, en la actualidad, hay pocos actores comprando en el mercado, entre uno o dos, pero con condiciones de precio y plazo que “no ayudan a tener la rentabilidad” que se espera.
En cuanto al fraccionamiento es otro punto flojo de la industria, entendiendo que si el consumo cae repercutirá hacia al interior de la cadena: “Lo que termina impactando en salarios y otras situaciones que hacen a la actividad”, concluyó Mauro Sosa.
El productor, el más afectado
Los trabajadores consultados por El Sol argumentaron que se han convertido en el “eslabón más débil” y que ya no tienen poder de decisión. Esto último entendiendo que el productor ya no es formador de precio y mucho menos fuerza en la negociación, los que los llevó a estar en una posición de ser dominados.
“Si no hay un cambio, muchos productores se van a ir de la actividad, y los que pueden, cambiarán de producción”, comentaron.
Como contrapunto, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), informó que la cosecha de uva en 2025 fue la más alta en los últimos cuatro años, alcanzando los 19.8 millones de quintales.
