Foto: El Sol.

Un análisis e interpretación profunda sobre lo que se hizo y lo que no, sobre lo que se logró y lo que quedó trunco, sobre los avances y los retrocesos en general, pero por sobre todo con la vista puesta en los logros en torno a la gestión del Estado en la educación pública durante los últimos diez años de gobiernos, entre el 2013 y el 2023, ha dejado trazado el camino que la provincia podría llegar a tomar en otras áreas y en otros rubros en donde la palidez y los fracasos han sido la norma para el desarrollo y crecimiento estratégico.

El Consejo Empresario Mendocino (CEM) es el que acaba de dar a conocer el resultado de un trabajo que ha denominado Evaluación Estructural del Sistema Educativo (2013/2023), el que fue realizado por un equipo de Somos Red, una organización de “impacto social y educativo” liderado por Agustina Blanco. Tras repasar las políticas que se fueron implementando desde mediados del gobierno de Francisco Pérez (2011-2015) con María Inés Vollmer en la Dirección General de Escuelas (DGE), pasando por la primera gestión de Alfredo Cornejo (2015-2019) con Jaime Correas, para culminar con la de Rodolfo Suarez (2019-2023) con José Thomas a cargo del área, el trabajo concluye que cada una de ellas tuvo su particularidad con aciertos y avances que, al ratificarse con el paso de los años, sumado a las innovaciones que se fueron implementando, han dejado como resultado un modelo educativo que se destaca y sobresale en el país. La clave parece haber estado, aunque no lo dice taxativamente el trabajo, pero sí parece darlo como sobre entendido, en una clásica política de Estado que permitió mejoras continuas para el sistema, para los alumnos que se vieron beneficiados y para los mismos docentes a los que se les ha revalorizado su carrera profesional.

Por supuesto que no todo ha sido lineal y que hubo luces y sombras, pero al final del camino recorrido, bien se puede decir que, en esos diez años se consiguió dar con un modelo que ha permitido medir la calidad del aprendizaje, mejorar el uso de los recursos siempre escasos y avanzar en planes de innovación educativa que fueron acompañando las necesidades del nuevo tiempo. ¿Ha sido suficiente? Claramente que no, pero al levantar la vista y observar lo que está ocurriendo a nivel país y en ciertas provincias argentinas en donde se toman decisiones a ciegas, Mendoza parece estar en otra dimensión.

Lo interesante es que las tres gestiones educativas analizadas tuvieron aciertos que se mantuvieron con el paso del tiempo. Por caso, la conducción de Vollmer durante el último gobierno peronista dio un paso importante en la calidad del aprendizaje, en la disminución de la repitencia y en el funcionamiento institucional de las escuelas, además de implementar la entrega de netbook y el sitio web y el plan Mendoza lee y escribe. Correas acertó en el relevamiento y difusión de la situación, en la mejora de los procesos administrativos, en la evaluación y en la formación docente y sobre todo en la implementación del ítem aula (el que disminuyó en un 40 por ciento la inasistencia de los docentes), en el plan de Alfabetización y en la puesta en marcha de la herramienta digital Gestión Educativa Mendoza (GEM). Por su parte Thomas consiguió importantes avances en achicar la brecha educativa, fortaleció la alfabetización, avanzó en la innovación, en la evaluación continua, en el uso eficiente de recursos y por sobre todo en los programas de lectura y escritura, en la fluidez lectora y en el fortalecimiento de las trayectorias educativas.

El trabajo presentado por el CEM deja en claro que las políticas de Alfabetización, los programas de lectura y escritura, el GEM y todo lo que permitió, entre otras cuestiones los datos para tomar decisiones y el haber potenciado el vínculo entre la familia y la escuela, fueron clave para distinguir a Mendoza sobre el resto.

Pero claro, por supuesto que ha dejado recomendaciones sobre lo que no se ha conseguido o con lo que se está a mitad de camino. Pero en torno a las metas alcanzadas, se ha destacado que, en lectura, por caso, Mendoza logró que los chicos se encuentren por sobre el resto del país: mientras a nivel país el 39 por ciento de los chicos alcanzaron los objetivos más altos, en Mendoza lo hizo 53,5 por ciento y en escritura, algo parecido: el 48,7 por ciento de los mendocinos llegaron a lo más alto cuando el más alto del promedio nacional estuvo en el 39,3 por ciento.

¿Qué ha dicho el informe de Somos Red y Agustina Blanco sobre lo que falta? Que el GEM tiene que avanzar en una segunda etapa en el desarrollo y la programación; que en alfabetización hay sostener los esfuerzos y que la misma se transforme en una política de Estado; que en inclusión y calidad hay que poner el acento en matemática (una de las deudas impagas de los últimos diez años, todavía) y seguir con las evaluaciones en primario y secundario; que hay que seguir transformando la secundaria, que mejoró en cuanto a la inclusión, pero que necesariamente tiene que ir hacia un nuevo modelo que tenga en cuenta las nuevas necesidades; que en evaluación y trabajo es necesario fortalecer el vínculo en el secundario y el nivel superior y calibrar mejor las competencias; que es necesario profundizar las mejoras en la formación y carrera docente quizás avanzando en una revisión del Estatuto del Docente y en la potenciación de la carrera propia y que es indispensable, en cuanto al uso eficiente de los recursos, continuar con los logros conseguidos, como el ítem aula y su obvia innovación acompañando los continuos cambios en la sociedad.

Nada mal lo conseguido en materia educativa, si se analizan tres gestiones de gobierno, con improntas y desafíos distintos. Y más cuando se tiene presente que en los últimos diez años hubo un retroceso de todos los indicadores de la provincia, en particular el económico que arrastró a una cuasi debacle la situación social de la provincia. Hoy bien se puede saber que, si no fue peor, lo fue por los logros en educación.