Por ser la cumbre más alta de América, el Aconcagua es una de las puertas de entrada más importantes que tiene Mendoza. Uno de los símbolos provinciales frente al mundo. Desde hace años, los distintos gobiernos entendieron que explotarlo turísticamente era rentable, como sucede en otros países. Eso fue acompañado con la promoción que se necesita, la voluntad política para mantenerlo como política y las necesarias inversiones que se requieren para que se constituya como un parque a gran altura, lo que no es fácil.

Sin embargo, hay falencias que no pueden permitirse. Es el caso del mal estado de los sanitarios en lugares como Confluencia, el primer campamento. Se supone que las instalaciones fueron modernizadas en los últimos meses, pero siguen presentando problemas. Esto ya debería estar resuelto, porque Mendoza recibe visitantes internacionales que invierten mucha plata para hacer cumbre y se les cobra una entrada que debe ser retribuida con servicios de calidad.

Todos reconocen que esta industria del turismo genera dólares, pero los detalles hay que cuidarlos para que, quienes nos visiten, vuelvan. Sucede también respecto a la hotelería, a la gastronomía y a los servicios públicos. Ningún turista querría volver a una provincia donde no se sienta seguro, por ejemplo. El problema de los sanitarios en el Aconcagua es una complicación que se extiende en la alta montaña. En los principales sitios turísticos, como Puente del Inca, no hay baños adecuados para los visitantes. Es un déficit estructural sobre el que hay que hacer foco.