Quienes conocen de la filosofía del tango, la entienden, la comprenden y así con eso la pueden explicar, cuentan que en Cuesta abajo, el famoso tango que inmortalizara Carlos Gardel, Alfredo Le Pera, su compositor, quiso expresar y describir el inmenso dolor que aquejaba a ese hombre que perdió un amor al que no había valorado, quizás, como correspondía: “Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”, arranca diciendo la letra del tango para, casi al final, rematar con esa fenomenal síntesis de: “Sueño con el pasado que añoro, el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá”.
Tomándole prestada la letra a Le Pera, con ella, bien se podría explicitar ese grado de impotencia, nostalgia y también de añoranza, claro, de tantos argentinos que bien pudieron vivir otros tiempos de gloria y constante florecer del país en varios sentidos, como en el económico, en el cultural y en el educativo –por sólo mencionar tres– frente a este estado de situación de debacle y decadencia constante en esos mismos tres y en otros que se han sumado. La caída no sólo es permanente; parece, a la vez, no tener fin, agravándose cada tanto, luego de algunos períodos de relativa y falsa calma como ha venido ocurriendo a lo largo de varias décadas. ¿Cuántas, en verdad? ¿Cuántos años: 40, 50, 60, 70 o más?
Así como ha sido recurrente la advertencia en Argentina a no ser Venezuela, a evitar caer en la misma desgracia que les ha significado a los venezolanos el sometimiento a la ideología perniciosa del chavismo ideada por Hugo Chávez y continuada por Nicolás Maduro, con la destrucción de sus recursos naturales para financiar el exorbitante gasto púbico, descontrolado, sumado a un desbocado proceso inflacionario, en otros países hoy se está advirtiendo no ser Argentina y evitar, por los medios posibles, tomar el camino de un país, como el nuestro, en el que, teniéndolo todo, ha tolerado la toma de medidas que han conducido a la mitad de su población a la pobreza y casi la misma cantidad de personas a depender del Estado, sobreviviendo, si se puede así decir, de las migajas que se han desprendido de una monstruosa montaña de recursos con el fin de subsidiar y alimentar miseria, en vez de la creación de riqueza.
Dirigentes y funcionarios españoles, como periodistas y medios en su conjunto, han hecho del caso argentino un motivo más que suficiente para llamar la atención de sus audiencias. Así como Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, ha dicho en varias oportunidades que seguir las políticas de Pedro Sánchez, del PSoE, ahora en acuerdo con Sumar, llevará a la ruina a España, como ocurrió con ciertas políticas del peronismo en Argentina, el periodista Federico Jiménez Losantos le ha seguido en saga, desde sus cotidianas editoriales en la mañana de radio es España.
El conocido locutor, escritor, publicista y empresario de medios ha dicho –tras las últimas elecciones del país ibérico– que España está peor y que puede empeorar. Y si bien las elecciones fueron ganadas por el derechista Alberto Núñez Feijóo por sobre el socialista en el gobierno, Sánchez, la estrecha cantidad de parlamentarios conseguida le ha impedido al Partido Popular la posibilidad de formar gobierno. La alternativa es una nueva elección, probablemente, para noviembre, ante la chance del bloqueo oficialista a que Feijóo haga uso del derecho ganado. Y los argumentos usados por Jiménez Losantos para advertirles a los españoles el camino por el que se transita, han sido los problemas argentinos. “España está peor y puede empeorar”, dijo este lunes el influyente comentarista al abrir su programa de radio, un día después de las elecciones españolas.
“Una sociedad muy argentinizada se ha consolidado con Pedro Sánchez”, dijo, con referencia a una corriente de pensamiento que ha crecido en España y que el periodista atribuye a las políticas de Sánchez tomadas, supuestamente, de una Argentina kirchnerizada, en la que la gente ha dejado la cultura del trabajo para pasar a depender del Estado y de sus repartos. “La gente vive mal, pero sin trabajar: hacemos como que trabajamos y ellos hacen como que nos pagan, con la consabida creación de miseria y compañía”, compartió con sus oyentes el periodista español, a lo que agregó: “Vamos camino de Argentina, una sociedad sin horizontes”, sostuvo, para preguntarse: “¿Cuánto tiempo viviremos encallados?”, y responderse, de inmediato: “Argentina lleva así 70 años hundiéndose, viviendo en la miseria. Vamos camino de Argentina, de una manera ineluctable”.
En medio de la campaña electoral de cara al 13 de agosto, y con los problemas estructurales que se arrastran por décadas en el país, se ha vuelto a poner sobre la superficie el caso de los países que, sufriendo hiperinflaciones, lograron derrotarla sobre la base de profundas transformaciones que en Argentina no se asumen. Es el caso de Israel, que luego de padecer un proceso inflacionario de 500 por ciento anual en los 80, en diez años se recuperó, convirtiéndose en un país desarrollado. ¿Cómo lo logró?
La respuesta la ha dado el economista Luis Rappoport, en diálogo con LVDiez, este martes: “Lo sustancial fueron los cambios institucionales: una ley de independencia del Banco Central, que prohibió que financiara al Gobierno, una ley de presupuesto que obligó a un máximo de déficit y la supervisión del Ministerio de Finanzas. Además, la ley dispuso que, si no se cumplen esas condiciones, el gobierno cae y se debe llamar a nuevas elecciones. Y todo eso está vigente”, dijo, después de que, cuarenta años atrás, Israel consiguiera, por medio de un gobierno de unidad y un acuerdo generalizado, el compromiso de ir detrás de una política de Estado que parece muy lejana en Argentina.
“Sueño con el pasado que añoro, el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá”, dice el tango, con la memoria puesta en el preciso instante en que el país comenzó a joderse. ¿Cuándo fue eso?
