El domingo 27 de abril del 2003, Néstor Kirchner, con el Frente para la Victoria, se convertiría en el nuevo presidente argentino con un poco más de 22 por ciento de los votos totales, saliendo segundo en la contienda. Aquella elección general sería ganada, en concreto, por el ex presidente Carlos Menem con casi 25 por ciento de los votos. Pero, al no presentarse al balotaje, dejó al santacruceño al frente de un país que se recomponía poco a poco y con un esfuerzo descomunal de una crisis que lo había dejado a las narices de un estado de descomposición total y definitivo.
A veinte años de aquel hito, Cristina Fernández de Kirchner se dispone este jueves a recordarlo y a homenajear al ex presidente en un acto en La Plata con una charla, presentada como una “clase magistral” y con el sugestivo título de “La Argentina circular: el FMI y su histórica receta de inflación y recesión, fragmentación política y concentración económica”. La Cámpora, esa agrupación incondicional a la vicepresidenta, que surgió tras la muerte de Kirchner, en octubre del 2010, viene desde hace varios días promocionando la nueva aparición de Fernández de Kirchner con un “Habla Ella” en las redes y como la presentación oficial de lo que se ha denominado la Escuela Justicialista Néstor Kirchner. Una única imagen es la que contiene el afiche promocional: la de Néstor Kirchner y Cristina abrazados, con los ojos cerrados y sonrisa plácida, en blanco y negro y de ese estilo clásico de los históricos y tradicionales retratos de Perón y Evita, llenos de metamensajes y giros subliminales del tipo “los días más felices son, fueron y serán peronistas”. La convocatoria también se acompaña con una calificación de la efeméride: “A veinte años de la elección que transformó la historia”.
La vicepresidenta siempre se ha guardado para sí el momento y cumplimiento de las apariciones estelares, del tipo rockstar, en la política argentina; de una clase política de la que, sin dudas, es una de sus principales protagonistas, sino la más importante. En los propios provoca una excitación especial que conduce a muchos de ellos a experimentar una suerte de estado de trance, casi hipnótico, frente a lo que están por ver y escuchar. Pero, si se tiene una mirada más general, tomando distancia del núcleo fuerte y duro que la acompaña, hay que señalar que, a diferencia de los años dorados, con el paso del tiempo, la vicepresidenta fue perdiendo la particularidad y capacidad de generar una verdadera exaltación en el gran público, la que provocaba y lograba sin dudas, dividiendo las aguas y generando importantes convulsiones, a favor y en contra. Hoy, todo ha quedado supeditado a lo que parece ser una minoría dura, extrema y ruidosa que la seguirá, como al ex presidente, sin miramientos y sin cuestionamiento alguno.
Ahora bien, para no pocos, la charla de este jueves de Fernández de Kirchner se da en un contexto particular dominado por la crisis y el proceso de elecciones casi ya activado. El título de su “clase magistral” da algunas pistas de por dónde iría la vicepresidenta y desde el mismo se ha evitado, quizás intencionalmente, causar alguna sorpresa: “La Argentina circular” no es otra cosa que la historia de pesadumbre constante en la que se ha caminado en el país y en el que lo hacen sus más de 45 millones de habitantes. Y esa tendencia a las culpas ajenas de la que hace gala la política nacional y, en especial, el kirchnerismo, también es parte de los ciclos espantosos que se repiten sin solución de continuidad para unas cuantas generaciones, no menos de cinco o de seis.
En gran medida, los argentinos tenemos que aceptar que lo que nos pasa, pasa y ocurre por algo, lejos de la magia, las pestes y las maldiciones. En gran medida, se tiene que aceptar un importante grado y componente de cultura fascista en la que nos hemos educado y desarrollado políticamente. Una característica y condición propia particular que no permite hacer autocríticas, ni siquiera observar en un estado de soledad íntima una mínima posibilidad de la comisión de errores.
Ignacio Montes de Oca, en su libro El fascismo argentino, la matriz autoritaria del peronismo argentino, al internarse en los motivos que explican ese comportamiento circular, por qué no, de los argentinos, propuso que todos se preguntaran por ese fenómeno inserto en la cultura general del país. “¿Quiénes fueron los fascistas argentinos más notables? –escribe Montes de Oca–; lo necesario –agrega de inmediato– es reformular esa pregunta para averiguar en qué grado está presente el fascismo en la cultura argentina, en cada individuo de su sociedad, y hasta qué punto influyó esa formación autoritaria en el escenario político hasta el presente. En última instancia, saber el modo en el que habita el fascismo en nuestra cultura –arriesga el escritor–, nos permitirá evadir aquella costumbre tan arraigada y propia del autoritarismo de encontrar culpables para acusarlos públicamente, en lugar de asumir la responsabilidad colectiva por seguir siendo portadores de esas mismas ideas que condenamos”.
La vicepresidenta, la que viene de defenderse en el juicio que la condenó por corrupción atacando a los opositores, a los medios, a la Justicia, a la Corte de Justicia, a la derecha, a los cipayos y a la sinarquía internacional, es más que probable que este jueves le siga apuntando al FMI y al préstamo que le autorizó al gobierno de Mauricio Macri de los males del presente. Un manual que la ciudadanía conoce de memoria, esté bien o más o menos informada, de su lado o en contra de ella y de las ideas que profesa y ha profesado. Todos saben, a grandes rasgos, qué dirá y, será por eso, además, que su magnetismo se ha ido perdiendo. Y lo más desesperanzador de todo, con la ausencia de sorpresa, es esa constante mirada al pasado, a las recetas del pasado, a aquellos tiempos en los que la religión en la que profesa y de la que ha sido su propia mentora hacía alarde de una vida de puras felicidades y realizaciones colectivas, cuando en gran medida su base y sustento ha sido una ficción, un bucle constante de ficciones y alucinaciones.
