La economía es, indudablemente, la preocupación de cualquier ciudadano. Es previsible que en los discursos de campaña que escucharemos a lo largo de este año de elecciones haya pistas sobre cómo pretenden resolver esta delicada situación macro que se viene arrastrando con los años y las gestiones, a la que sólo se colocan parches tras parches. Es probable, también, que haya que hacer un esfuerzo de interpretación, puesto que no hay candidato que pretenda jugarse el apoyo popular con medidas para nada simpáticas.

Mendoza no es ajena a estas situaciones aunque, en muchas ocasiones, las fallas locales se oculten debido a los problemas nacionales y estructurales, pero los informes de las cámaras empresariales hacen hincapié en cuestiones que la Provincia debe mejorar con políticas propias. El empleo privado es una de ellas.

La presión fiscal es otra. La necesidad de contar con una mejor infraestructura de servicios para que se instalen empresas es una tercera instancia. A la par de que ha crecido la intervención del Estado provincial en áreas de la economía, como la participación en IMPSA, el rescate a la OSEP o los fuertes aumentos concedidos a Aysam, también es preocupante que estos esfuerzos no se traduzcan en mejores servicios. Mendoza está necesitando una economía más inteligente, no sólo porque los recursos son pocos, en el tire y afloje con la Nación, sino también porque el mundo está cambiando. Y esos movimientos tienen que ver con el clima y los procesos sociales que profundizaron su marcha con la pandemia.