La infraestructura vial de Mendoza deja mucho que desear. Son pocos los caminos renovados y que tienen el asfalto en condiciones para una provincia que quiere competir en materia turística. Es imprescindible tener las rutas en buen estado para
favorecer la conexión entre regiones que tienen lo suyo para mostrar, ya que por allí circula la economía. Sin embargo, hay varias que conducen a sitios que son publicitados y que presentan pozos o escasa señalización, algunas de ellas, como la ruta 7, en alta montaña hacia Chile, la 82 a Cacheuta –que está siendo remodelada en parte–; la
52 a Villavicencio, o la 40 hacia San Juan. En varias se han producido accidentes que desataron tragedias.

Las más recientes ocurrieron este domingo, en un fin de semana que movilizó a miles de turistas en todo el país. Mantener en buen estado los caminos es una prioridad, pero
las dilaciones son muchas. Vialidad Nacional no puede hacerse la desentendida. Todavía no han logrado recuperarse los dos puentes que colapsaron sobre la doble vía a Tunuyán, pues llevan varios años con los bypass.

No se puede pensar una Mendoza moderna sin buenas vías, porque no sólo hacen al turismo sino a la seguridad de las personas.