Con la crisis, han vuelto algunas actividades informales, marginales y hasta reñidas con la ley, en algunos casos. Se trata de los limpiavidrios y cuidacoches. Representan situaciones de supervivencia urbana enmarcadas en la indigencia, puesto que lo que logran ganar se agota en el día. Ahí es donde más suele pegar la inflación.
Si bien no todas las situaciones son violentas, hace un mes se condenó a un hombre que limpiaba en la Costanera por haber peleado y golpeado a un conductor.
Las normas vigentes prohíben estos “oficios”, por lo que en el día a día las patrullas tienen que estar pidiendo documentos y constatando antecedentes. Por lo pronto, los
municipios reconocen que no les encuentran la mano a estos grupos y que no basta con los códigos de convivencia. Es que por más que sean aprehendidos por unas horas,
volverán a la calle al día siguiente.
Décadas atrás, cuando limpiar en una esquina se había naturalizado, el Estado había tratado de acudir con algunos programas. El trasfondo social que hay en las esquinas no puede ser contenido solamente por lo represivo.
