Una de las discusiones de fondo en la república es por lo que le toca a cada provincia y a la Nación, un reparto de fondos que suele ser históricamente desigual, por más regulaciones que ha tenido, a la par de que se han ido sumando nuevos impuestos que se distribuyen por este esquema. Hay una pulseada mayor, entre las jurisdicciones con el Gobierno nacional, pero también hay peleas particulares, como la protagonizada por la Ciudad de Buenos y la actual gestión al frente de la Casa Rosada.

Como la cuestión de fondo sigue siendo insuperable, cuando hay una modificación que no le gusta a un gobernador, todo termina en la Justicia y la que tiene que definir estos reclamos es la Corte Suprema de la Nación. No es el mejor panorama, puesto que si se llega al ring de los tribunales es porque la actual ley no satisface a nadie. Pero, por otro lado, las decisiones de gobierno tampoco pueden estar basadas en función de las simpatías políticas de unos para terminar favoreciendo a otros. Esto es lo que ha pasado en este conflicto entre Nación y la CABA.

Por otro lado, quitarle fondos a un distrito para reforzar a una provincia gobernada por un mandatario del mismo partido tampoco resuelve el federalismo que se reclama. Por el contrario, es otro parche, mientras siga faltando una gran mesa de diálogo sobre lo que las provincias deben aportar y la Nación tiene obligación de devolver.