Sergio Massa.
Sergio Massa.

Argentina es ese país que tiene 16 tipos diferentes de dólar. Cada uno, aplicado a una situación distinta. Cada cotización emparcha, a su vez, el agujero por donde el  agua entra al bote. El líquido, en otros términos, es la devaluación en cuotas que se viene dando. Por más que en el discurso oficial predomine el argumento de que el  Gobierno no devaluará, lo cierto es que todo este espectro de tipos de cambio para la moneda norteamericana va depreciando el valor del peso argentino. En esta  situación surreal hay más de una pregunta respecto de este último dólar lanzado por el ministro de Economía Sergio Massa para los productores de las regiones donde las heladas pegaron  fuerte y malograron todo un año de trabajo. La principal es por el tiempo de implementación, demasiado escueto para la diversidad de producciones agrícolas de la  provincia. Un salvavidas que parece más lejano que cercano. Habrá que ver, al término del plazo, qué beneficios le reportó a Mendoza. Lo curioso es que, meses atrás, se  desestimó un dólar “Malbec” para la vitivinicultura y ahora aplican la misma medida. No hay soluciones mágicas, ha dicho la Nación, para enfrentar la inflación y un dólar  cada vez más alto.

Pero también hay una falta de sinceramiento respecto de las herramientas que se vienen adoptando.

Salvo por las altas tasas para los plazos fijos, que a su vez impactan en los intereses a la hora de comprar en cuotas con crédito, la moneda nacional sigue siendo  prácticamente bastardeada. Es la misma con la que vamos al supermercado, pagamos el alquiler o una de esas escasas salidas recreativas.