Emilia Zanni tiene 27 años, es bióloga y este fin de semana largo decidió sumarse al desafío viral de Twitter #AdoptenNiñesGrandes y contar su experiencia de adopción de dos hermanas de 7 y 5 años.
La campaña busca que los menores no transiten su infancia y adolescencia en hogares, ya que la mayoría de los postulantes desean iniciar el vínculo con bebés o niños de corta edad.
A través de un hilo de Twitter, la joven relató que la espera no fue fácil, pero a poco más de un año estar juntas, cuando escucha la frase de alguna de ellas: “Mamá, parece que ahora soy una niña feliz”, comprende que tomó la mejor decisión de su vida.
Emi y su esposo Abel Salazar comenzaron a plantearse el tema de la adopción hace unos tres años atrás, cuando se debatía la legalidad del aborto en Argentina y surgía en la discusión el tema de la adopción.
“Por varias semanas el tema quedó rondando en mi cabeza y empecé a plantearme seriamente si yo sería capaz de adoptar”, comenzó relatando la joven en la red social del pajarito.
Y agregó: “Lo medité varias semanas y encontré muchas preocupaciones o excusas, pero me di cuenta de que la mayoría eran en verdad problemas o miedos propios de cualquier crianza, y que eran cosas que me podían pasar tanto con hijos biológicos como hijos adoptivos”.
Con su marido tenían la idea de buscar un hijo y al hablarlo se dieron cuenta que su concepto de familia no pasaba por el origen del niño. Asì comenzaron a averiguar en Internet e iniciaron el proceso de inscripción en el Registro Único de Adopción de Mendoza, que les tomó casi dos años y una pandemia.

El llamado más esperado
“Una vez que estuvimos en ‘lista de espera’ lo sentimos como un gran logro y tuvimos un respiro, pero nos duró poco. A las pocas semanas nos contactaron para una posible vinculación, pero estábamos transitando una situación familiar desfavorable y decidimos que no”, siguió.
Tres meses después los llamaron de nuevo; aceptaron y tuvieron una entrevista. Además de ellos estaban otras tres familias interesadas y creían que no serían los elegidos porque la situación económica que tenían era inestable.
“Ambos estábamos desempleados y yo estaba a mil, terminando la tesis para recibirme y poder comenzar un trabajo. Dio la ‘casualidad’ que en esas semanas una de las niñas se enfermó gravemente, así que deciden frenar el proceso hasta que se recuperara. Una vez que esto sucediera continuaría el proceso y el juez recibiría los informes correspondientes de cada familia para la selección”, señaló y contó que ya para ese momento clave ella estaba trabajando.
“Sin esperarlo, unas semanas después nos llamaron del RUA avisando que fuimos seleccionados como familia adoptante de una hija de 7 y otra de 5. Y no solo eso, sino que al día siguiente tendríamos nuestro primer encuentro. La cabeza a mil, intentando procesar todo eso en pocas horas”, continuó la joven madre.
Ese día, Emi estaba muy nerviosa. Las esperaron en una plaza cerca del hogar y cuando las vio se calmó la ansiedad. “La situación se hizo amena y pudimos conocer y charlar con las niñas. A partir de ahí tuvimos encuentros y salidas diarias durante 3 semanas y luego se fueron a vivir con nosotros. Los primeros meses no fueron fáciles y era un sube y baja de emociones. Berrinches, momentos de charlas, paseos tranquilos, enojos, momentos de jugar, la casa en caos, cine en familia, cumpleaños, etc.”, recordó.
Y explicó: “Poco a poco las cosas se fueron acomodando y ahora pareciera que siempre estuvieron con nosotros. Ellas pusieron mucho de su parte para aprender a ser hijas y entender cómo funciona una familia. Cosas básicas y naturalizadas para nosotros, no lo eran para ellas”.
“De nuestra parte, nos tocó aprender a ser padres medio a los golpes. Es difícil afrontar tantos cambios juntos, pero la recompensa lo vale. De hecho, me llevó cerca de un año el sentirme o autopercibirme como madre, pues los vínculos y las relaciones se construyen de a poco”, confesó.
Sentirse madre
A poco más de un año desde que están juntos, las menores han crecido físicamente, pero también han cambiado su semblante, su carácter, su manera de expresarse y su manera de relacionarse son diferentes.
Sin esperarlo, mis hijas adoptivas llegaron antes que mis hijos biológicos, y qué lindo que fue así. Ojalá ustedes pudieran escucharlas decir en momentos randoms: ‘Mamá, parece que ahora soy una niña feliz’.
— Emi Zanni (@ZanniEmi) October 7, 2022
“Al principio, su manera de procesar todo esto lo resumían en la frase ‘ellos nos eligieron a nosotras y nosotras los elegimos a ellos’ y así le explicaban a la gente que ahora éramos una familia”.
“Ojalá ustedes pudieran escucharlas decir en momentos randoms: ‘Mamá, parece que ahora soy una niña feliz’”, concluyó en su relato en la red social Twitter.
En diálogo con El Sol, Abel y Emi indicaron que para iniciar el proceso de adopción hay que ser pacientes: “No es difícil, es un poco largo y hay que moverse mucho por cuenta propia”.
En este sentido, compararon la espera con un embarazo y destacaron que el desafío fue construir el vìnculo y aprender a vivir juntos.
“No tenían idea qué era una papá y una mamá y cuál era su rol”, contó Abel y dijo que “eran una hoja en blanco”, ya que no tenían recuerdos de su vida antes del hogar.

Compartiendo su historia, la pareja pretende contagiar a otros y que más personas se atrevan a adoptar niños grandes. “Si están pensando en formar o agrandar la familia, no se olviden de la #Adopción. Y si están pensando en adoptar, anímense y #AdoptenNiñesGrandes”, concluyeron.
Según datos de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de la Nación (SENAF), a finales de 2020, había en todo el país más de 9 mil niños, niñas y adolescentes sin cuidados parentales, alojados en dispositivos de cuidado residencial o familiar. Entre ellos, el 24% eran menores de 5 años, el 37% estaba entre los 6 y 12 años, el 32% entre los 13 y 17 años y el 6,2% eran jóvenes de 18 años o más. Del total, casi un 8% de los niños, niñas y adolescentes presenta algún tipo de discapacidad certificada o enfermedad permanente.
La mayoría de las y los postulantes se encuentran dispuestos a adoptar niñas/os pequeños. Al efectuar una búsqueda en la base de datos nacional para un niño de 1 año surgen el 87% de legajos disponibles (2139 familias). En cambio, al buscar familias para niñas o niños de 12 años, surgen tan solo el 1, 34% (33 familias).
Además, los datos revelan lo complejo que resulta encontrar familias a medida que aumenta la edad de los niños y niñas, o cuando ellos conforman un grupo de hermanos/as, o bien cuando presentan alguna situación de enfermedad y/o discapacidad. En relación a esta última variable se transmitió a los presentes que solo el 17.69% de los inscriptos (436 familias) cuentan con esta disponibilidad adoptiva.
