Durante algún tiempo, los barrios privados eran sinónimo de seguridad, y muchos tomaron la decisión de vivir en estos porque se suponía que las condiciones que presentaban eran superiores con relación a un entorno abierto. Sin embargo, en el último año, los robos ocurridos en estos espacios han llamado la atención, porque tiran abajo cualquier supuesto. De igual manera, la provincia también ha sufrido algunos crímenes que generan no sólo la reacción de bronca, sino también un cuidado extremo en ciertas situaciones en las cuales podemos vernos vulnerables ante delincuentes. Hablamos de la sustracción de vehículos que ha terminado en la muerte de sus propietarios. Por otro lado, los motochorros hacen que estemos atentos en cualquier momento y hora en la calle. La inseguridad es una pérdida de la calidad de vida ya que vamos cediendo terreno en el espacio público, a la vez que material, cuando no prima la tragedia.

Podrá decirse que la crisis económica ha impulsado más delitos, que ha cambiado el modus operandi y los objetivos. La discusión sobre un problema multicausal puede ser interesante en el plano teórico, pero lo que está haciendo falta es una mayor contención del delito. Es hora de poner un freno, puesto que hasta el robo de una bicicleta puede terminar en un drama, tal como, lamentablemente, ha ocurrido. Será necesario para las autoridades a cargo replantearse la estrategia en varios frentes, uno de ellos, la inteligencia criminal. E, incluso, buscar alternativas para la compra de vehículos y otros insumos en medio de la especulación financiera que hay por la inflación.