El extraño incendio subterráneo en Guaymallén parece aplacarse a una semana de que se iniciaran acciones en la zona para mitigar su propagación. Sin embargo, “el demonio de fuego” sigue provocando heridos. Una niña ya se quemó los dos pies al abrirse el suelo y caer en pozos calientes.
Ante este escenario, algunos vecinos del Kilómetro 8 aseguraron este miércoles seguir preocupados por la situación. Mientras otros, pese a las recomendaciones, continuaron levantando sus casas sobre un terreno que, a decir de los especialistas, podría no ser apto para construir.
En principio, el particular olor a tierra quemada que estaba suspendido en el aire cedió y sólo quedó el de las cañas que volvieron a encenderse por acción del hombre. Además, por pedido de Defensa Civil, los lugareños dejaron de intentar sofocar el incendio abriendo zanjas porque le daban una inyección de oxígeno a la parcela y volvía a activar las llamas.
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“No se puede salir de casa”
Georgina tiene 9 años y fue una de las primeras víctimas del incendio subterráneo que resonó en todo el país. En menos de quince días, la pequeña se quemó uno a uno, ambos pies.
Primero cayó a un surco cuando jugaba en un campo inculto y la semana pasada volvió a abrirse la tierra ante ella.
“Me duele”, reconoció Georgina que tenía sus extremidades inferiores vendadas con un trapo y cubiertas con cinta adhesiva.
La menor vive en una precaria casa junto a sus 6 hermanos, su madre y su padrastro, quienes se dedican a la cosecha.

“Nos dieron una crema para que pueda ir recuperando la piel”, dijo su hermana mayor, quien afirmó que ahora “no pueden salir de casa. Nos dijeron que los niños ya no pueden jugar afuera porque es peligroso”.
Según los especialistas, los incendios subterráneos no son comunes, pero cuando se dan, son los más difíciles para poder extinguir y uno de los más peligrosos. El primer foco, de hecho, se detectó en marzo.
Guillermo Ferraris, ex coordinador del Plan Provincial de Manejo del Fuego y especialista en técnicas de prevención y combate de incendios forestales, había explicado a El Sol que en el lugar tuvo que haber una antigua ciénaga o laguna. Esto hizo que se convirtiera en una zona de acumulación de material vegetal que se ha ido descomponiendo a lo largo de los años, es decir, que se formó una gran turbera, con la posibilidad de arder con una combustión, sin llama apenas.
“Es como si fuera un combustible vegetal que está compactado y no tiene oxígeno, pero en la medida en que el fuego va encontrando pequeñas cavidades o raíces donde hay oxígeno, va penetrando. Cuando tiene ingreso de aire, sale a la superficie y si no, sigue quemando por abajo”, había detallado y señalado que las cavidades podían llegar alcanzar temperaturas por arriba de los 800 a 1.000 ºC.

Relevamiento aéreo y miles de litros de agua
Personal del Cuartel General de Bomberos de la provincia realizó la noche del viernes un nuevo relevamiento aéreo con cámaras termográficas para determinar si el fenómeno había avanzado. Se espera que en breve estén los resultados de las mediciones, pero todo indica que estaría mitigándose.
Joaquín Fernández, subdirector de Servicios Comunitarios y Defensa Civil de Guaymallén, anticipó: “A simple vista nosotros notamos que ya es menor el territorio donde está saliendo humo. Podríamos decir que se está aplacando”.
Desde la semana pasada, personal de este organismo se concentró en “enfriar” los campos aledaños a viviendas con camiones hidrantes que descargaron la primera semana más de 32.000 litros de agua diarios.
“Al no llegar el agua con Irrigación porque son terrenos que no tienen derecho a riego y no tienen un canal cercano para empantanar la zona, estamos trabajando todos los días con camiones del municipio, haciendo un recorrido y enfriamiento del territorio. Enviamos al principio entre 4 y 5 camiones diarios”, detalló.
El director de Defensa Civil, Daniel Burrieza, había confirmado la semana pasada que habían detectado unas 11 hectáreas afectadas con entre 4 y 5 puntos calientes.

Entre el drama y el seguir como si nada
Fabián José González y Lautaro José Abregú recorrieron nuevamente la mañana del miércoles el campo de su hermano en busca de nuevos agujeros humeantes.
“Acá nadie nos ayuda y esto sigue encendido. Nosotros plantamos cada temporada acelga y tomate y con esta situación no sé qué vamos a hacer”, contó Fabián.
Y agregó: “Ahora vamos a tener que buscar dinero por otro lado”.
En tanto que su familiar cortaba con una motosierra las cañas que invadieron durante el invierno su propiedad, frente a ellos, a unos 100 metros, Marcelo Rivera terminaba de mojar el encofrado de una de las paredes de su casa.

Pese a las sugerencias de las autoridades municipales, el hombre siguió levantando su vivienda de dos plantas y 4 ambientes grandes.
“Tengo dos hijas y pretendo venir antes de fin de año a vivir acá con mi esposa. Hace cuatro compré acá”, dijo Marcelo, quien afirmó que todo lo que se dice no “es tan así”.
“Acá ya se apagó, cuando se terminan de quemarse, todas las raíces ya se termina. El fuego avanza cuando hay basura por abajo. No tengo miedo. Yo rellené bastante y la casa no se ha movido. Son 70 centímetros de ripio y otros 70 de hormigón”, confió.
Al respecto, desde Defensa Civil de Guaymallén insistieron en que no avancen las edificaciones y que la Dirección de Obras Privadas realizará un estudio de suelo. En tanto, volvieron a pedir que no se sigan limpiando los terrenos a través de la quema de pastizales.

