El 18 de febrero la muerte de la policía Nydia Giselle Angulo (30) en la Subcomisaría El Sauce, en Guaymallén, provocó una fuerte conmoción en toda la fuerza provincial. 

Ese día, compañeros la hallaron con un disparo en la cabeza en un sector de la dependencia donde la mujer se había recostado a descansar. Desde un principio se descartó el suicidio y la investigación apuntó a que la efectivo había sido asesinada.

En un primer momento, las sospechas se dirigieron hacia su novio, Juan Romero, quien también es funcionario policial. Pero la hipótesis de un femicidio fue descartada rápidamente y se ordenó la captura de otra integrante de la fuerza.

Se trataba de la auxiliar principal Claudia Marina Pérez, ex cónyuge de la pareja de la víctima. Justamente, Romero aportó pruebas que la comprometieron en el expediente, por lo que terminó tras imputada y tras las rejas.

Este martes, la situación de Pérez se complicó aún más después de que la Justicia le dictó la prisión preventiva, durante una audiencia que se realizó mediante videoconferencia.

Fue la jueza Mariana Gardey, del Juzgado Penal Colegiado Nº 2, quien le impuso la medida de coerción y ordenó que continúe en prisión, tal como lo había solicitado el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello.

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El representante del Ministerio Público, que lidera la instrucción, presentó ante la magistrada una importante cantidad de material probatorio que coloca a Pérez como la responsable del crimen de su colega.

Entre esos elementos se destacan los mensajes de texto que Pérez le había enviado a Romero, donde expresaba sus intenciones de atentar contra la vida de Angulo: “A esa negra la volvés a ver en un cajón”, le había asegurado la imputada por WhatsApp horas antes del asesinato.

Además, a la sospechosa le dio positivo el barrido electrónico que le practicaron tras su detención. Así se demostró que tenía pólvora en sus manos, es decir, había disparado un arma de fuego recientemente.

Esa y otras pruebas fueron valoradas por Gardey, quien determinó que Pérez deberá permanecer encarcelada mientras se desarrolla el proceso penal en su contra.

Por su parte, la defensa de la efectivo solicitó la detención domiciliaria, ya que su cliente tiene hijos menores de edad a su cuidado. Ante eso, la magistrada pidió una serie de informes para determinar si la mujer se encuentra en condiciones de acceder a ese beneficio, explicaron fuentes judiciales .

La auxiliar principal se encuentra imputada por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y alevosía (por aprovecharse del estado de indefensión de la víctima). Con esa calificación, la acusada arriesga como única pena la prisión perpetua y deberá enfrentar un juicio por jurados.

Sorpresa y dolor

Todo comenzó durante la madrugada del viernes 18 de febrero, cuando Angulo se encontraba prestando servicios en la mencionada dependencia del distrito El Sauce.

Alrededor de las 5, dos compañeros de la mujer salieron para hacer un procedimiento y ella se quedó descansando en una de las habitaciones del edificio policial.

Cuando regresaron, cerca de las 6.45, decidieron no despertarla porque sabían que sacaba servicios extraordinarios y tenía otros proyectos personales que le quitaban mucho tiempo y le generaban cansancio.

Minutos después, a la 7, los jefes llegaron a la subcomisaría y la llamaron para darse ingreso al libro de novedades, ya que Angulo era la escribiente. Pero la mujer no respondió.

Ante eso, sus colegas se acercaron y descubrieron que estaba cubierta de sangre. También detectaron un casquillo y que presentaba un orificio de bala en la cabeza, por lo que la cargaron a una movilidad y la llevaron rápidamente hasta el Hospital El Sauce.

En un comienzo pensaban que estaban frente a un suicidio, pero en el lugar no encontraban el arma reglamentaria ni el celular de Angulo, lo que despertó las sospechas de que la mujer había sido atacada mientras dormía.

Tras tomar intervención el fiscal Pirrello, se activó el protocolo correspondiente y Romero, su pareja, se puso a disposición de las autoridades judiciales. El efectivo hizo entrega de su arma reglamentaria y su teléfono, en donde tenía las pruebas que direccionaron la investigación.

Así, gracias a su aporte, Pérez quedó sindicada como la posible autora del asesinato y se ordenó su captura.

La hipótesis sostiene que la mujer ingresó a la dependencia mientras la víctima dormía y aprovechó esa situación para matarla con su arma reglamentaria. Acto seguido, tomó la pistola 9 milímetros provista de Angulo y su celular y huyó de la escena.