“¡Mira la gorda!”, “Ahí viene cuatro ojos”, “Sos fea/o y nadie quiere a los fea/os”, “Enana/o“… Cuantas veces escuchamos estas frases y descalificativos entre niñas y niños. Capaz nos las dijeron a nosotros, a nuestros hijos o sus amigos y/o alguien que conocemos. ¿Qué pensábamos mientras oíamos estas ofensas? “Son bromas”, “Son chistes”, “Eso siempre ha pasado”, “Son cosas de niños”. Cuantas veces, y de manera cada vez más frecuente, hemos naturalizado los malos tratos, la violencia, que en la escuela, en el club, en el barrio se utilicen  insultos y/o se ridiculice a alguien de manera constante. Hemos aceptado en muchas ocasiones la mala educación, las ofensas, la discriminación entre pares. Sabemos que hay niñas, niños y adolescentes que agreden a otros, víctimas que transcurren en su mayoría su padecimiento en silencio y espectadores que no pueden o no quieren irrumpir con la relación entre las/o agresores y quienes lo padecen.

¿De qué estamos hablando? ¿A qué nos referimos? Estamos naturalizando el bullying. Se define como una conducta de persecución física o psicológica donde se observa un comportamiento frecuente y durante un tiempo sostenido de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica y/o agresión física de un/os niño/s hacia otro, que se convierte en blanco de reiterados ataques. Su objetivo es la dominación, y producto de la situación se genera un desequilibrio de fuerzas entre los pares.

¿A quienes nos interesa? La respuesta debería ser a todos. Nosotros somos ABUME, una asociación civil en formación que nos proponemos desarrollar e implementar estrategias y protocolos para responder a las necesidades de promoción y prevención del bullying y ciberbullying.

Como ABUME, nuestro compromiso está con la víctima que padece en sus distintas formas el acoso; con el agresor para comprender su situación y que pueda generar nuevos recursos para expresarse con sus pares; con los espectadores para que tomen un rol activo y sepan diferenciar el acoso escolar como algo negativo; con la comunidad educativa, familias, responsables de entidades deportivas y de cualquier otro ámbito que implique una convivencia obligada con cierta permanencia de niños, niñas y adolescentes para que tengan herramientas al momento de intervenir en estos casos.

Me permito terminar con una reflexión. ¿Y porqué nos debería interesar a todos el bullying? ¿Acaso todos salimos “bien” de la escuela o de otras experiencias con pares? Uno de cada tres estudiantes es víctima de acoso escolar según estadísticas oficiales de la UNESCO, por ejemplo.

No es necesario repasar demasiados datos para encontrar la respuesta. Si bien salimos de estos lugares, hemos transitado experiencias que nos han marcado de manera positiva o negativa, que han contribuido a nuestra manera de actuar y pensar ante determinadas situaciones. Desde el lugar en el que estemos, tendríamos que asumir el compromiso para que TODOS los niños/as y adolescentes que transitan dichos espacios comunes, disfruten de la experiencia de compartir con sus pares más allá de las diferencias en nuestras formas de pensar y vivir. ABUME asumió el compromiso de trabajar con esta problemática. Desde tu lugar y tu rol, podés asumir la misma responsabilidad. Ojalá que cuando escuchemos los relatos y experiencia de los niños/as y adolescentes en sus distintas convivencias, nos sonríamos por dentro y tengamos la satisfacción de identificar que su experiencia está siendo mejor que la que hemos vivido.

El autor es miembro de la Asociación Bullying Mendoza (ABUME)

www.abume.com.ar