Un lector de El Sol nos contó una avivada que, seguramente, debe ser más vieja que la injusticia. Subió a un taxi en San Martín y Tucumán, de Ciudad. El pasajero marcó el destino y el conductor arrancó, pero algo funcionaba mal. A las dos cuadras, la persona se percató de que el reloj que marca la distancia y el valor no marcaba. Le pidió explicación al chofer y este le respondió que el taxímetro no funcionaba, pero que le calculaba a buen ojo que el viaje le costaría alrededor de $150. Si bien el pasajero terminó pagando ese precio, lo destacable fue el acting del conductor profesional, ya que el reloj nunca arrancó.
El viejo truco de un taxista
