Es verano y como todos los veranos, los lectores de los medios gráficos no quieren complicarse con problemas coyunturales.
Nada como estar tirado peleándole a la canícula a la sombra de una parra haciendo palabras cruzadas; o bajo una sombrilla en la playa, mirando el mar y pescando palabras en la sopa de letras.
Diarios y revistas saben que sus lectores merecen un descanso, que tanta realidad abruma, no es momento de amargarse, un cachito de relax no viene mal; que es mejor dedicarse a seguir una línea de puntos para descubrir un dibujo cómico que intentar unir las medidas incoherentes del gobierno que perfilan un accionar vidrioso y oblicuo.
Así que como es verano, esta sección también intentará dedicarse al entretenimiento liviano, a la diversión despreocupada, pongamos tanta excitación en la juerga y la parranda como un piloto de aerolíneas con barbijo épico yendo a Moscú a buscar Agüita del Volga parte I. Ojo, no como un piloto de Aerolíneas teniendo que cubrir otro destino, porque no es lo mismo. Posta son los viajes épicos, los que hacen llorar a azafatas por más que después nos enteremos que la rubia de llanto fácil no era una simple azafata sino Mónica Herreros, esposa de José “Pepe” Ángel Faggiolani, ex comandante de Aerolíneas, ex gerente de operaciones en la época de Mariano Recalde y con vínculos con la presidentavice ya que fue compañero de secundario del difunto Néstor Centro Cultural, como denunciaron –en soledad, como habitualmente- Luis Gazulla y Federico Teijeiro en su impecable sitio Periodismoypunto.
¡Que comiencen los Juegos del Hambre! Empecemos con el entretenimiento llamado “Elige el nombre”. Si usted, querido lector tuviese que escoger una palabra que caracterice este comienzo de verano, ¿Cuál sería y por qué “incertidumbre”?
¿Sólo porque el gobierno anunció y desanunció un toque de queda inconstitucional cuando vio que no lo podía hacer cumplir y que los argentinos todavía tenemos en la cabeza el velorio que esperaba meter un millón de personas en tres días en un lugar cerrado, y que todos sabemos quién fue responsable de eso? ¿Eso sólo ya alcanza para hablar del “verano de la incertidumbre”?
¿Sólo porque ante cada decisión que el gobierno quiere tomar demuestra una y otra vez que no sabe o no puede o que tiene tantas fuerzas internas que se anulan entre sí? ¿Que lo que quiere la Cámpora no es lo que quieren los massistas, que a veces coinciden y a veces no con lo que quiere Mínimo, que a veces coincide y a veces no con lo que quiere Alberto Fernández de Kirchner, que a veces no coincide pero no importa igual hace lo que la Mechera Intergaláctica ordena, que siempre va a en dirección a “no me metan en cana” mientras Guillermo Coso Moreno putea y el eterno Julio Qué Bárbaro se desgañita diciendo que esto no es peronismo? ¿Eso sólo ya alcanza para hablar del “verano de la incertidumbre”?
¿Qué es lo que provoca incertidumbre, querido lector?
¿Que el gobierno decida sin ningún estudio previo, sin anuncios ni consultas con el sector, como un berretín adolescente, que no se vende más maíz y que con eso crea que va a bajar los precios de su principal logro, la polenta, americano manjar que intenta llevar algo de alegría ahí donde se esperaba con ansias la tira, el chinchulín y los chorizos? Todo asado ha sido convertido en vacío lamentablemente, no en su acepción cárnica.
Si hubieran leído los datos que el propio gobierno produce, quizás no pasaban ese papelón. Según el INDEC, la venta de maíz argentino al mundo tuvo entre 2018 y 2019 un alza del 40%. ¿Qué significó eso? Que al país le entraron 6.000 millones de dólares en el 2019 gracias a la venta de maíz, casi el 9% de todo lo que se exportó en ese año. 6.000 millones de dólares.
Del maíz.
Detrás del complejo sojero y de autos, el del maíz es el tercero en cantidad de exportación. Y si se tiene en cuenta que el granito de choclo es parte importante de la producción de alimentos, carne, fibra y energía porque no sólo de polenta vive el hombre, tendríamos según la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, que el maíz aportó 10.600 millones de dólares, algo así como el 16% del total del dinero que entró por las exportaciones . Pero bueno, un buen día el Presidente Coso dijo que se cerraba la exportación y listo porque la mesa de los argentinos y coso.
¿Genera incertidumbre que el gobierno diga que es una maldición tener que exportar porque eso hace que los ávidos productores quieran vender afuera y priven de la polenta a sus compatriotas?
Bueno, el argumento no tiene ningún asidero, es más polémico que el monstruo del Lago Ness del que al menos existen algunas fotos borrosas.
Hace setenta años que, gracias al trabajo de modernización a conciencia de los productores agrícolas, Argentina produce mucho más maíz del que consume.
Setenta años, un tiempo considerable como para ponerse a pensar que si sobra, mejor venderlo y conseguir dólares para comprar otras cosas que pueden hacer falta. ¿Habrá habido en todos estos años al menos UN economista peronista que pudiera pensarlo y decirle a sus compañeros: “Che, mirá lo que descubrí”?
Como simple ejemplo, la Bolsa de Cereales de Rosario estimó en marzo del año pasado que, con todas las formas posibles de uso del maíz que tenemos los argentinos, incluso con lo que se morfan las cotorras en los campos y los choclos que se afanan los paseantes por los caminos rurales, el país consume 16 millones de toneladas al año, lo cual sería un problema si produjéramos menos de 16 millones de toneladas al año, pero para 2021 las estimaciones hablan de una producción de 46 millones de toneladas.
A ver, querida Fernanda Coso Vallejos, para que no quedés como tan incompetente cuando afirmás punzante: “Tenemos la maldición de exportar alimentos de modo que los precios internos son tensionados por la dinámica internacional”, voy a decirte algo que evidentemente no sabías, pero preparate porque es una noticia tan sensacional que va a hacer cambiar para siempre tu percepción de la realidad argentina. ¡Hay 30 millones!,¡Sí!,¡30 millones (esto debe ser leído con la entonación que le da Santiago del Moro al anuncio de los últimos diez segundos que tienen los participantes para preparar un plato de Masterchef) de toneladas de maíz que nos sobran este año! ¡30 millones de toneladas de maíz que podemos vender y convertirlas en dólares!
Eso no sólo no sube los precios nacionales, al contrario, los baja.
Porque hay mucho.
Si de algo hay mucho, su precio baja.
Si de algo hay poco, su precio sube.
Entre otras cosas, por eso los diamantes son caros y las lombrices, baratas.
Recordemos que la desmaña de Fernanda Vallejos no es improvisada. La diputada nacional por la provincia de Buenos Aires es economista egresada de la prestigiosa Universidad de Buenos Aires, obtuvo una maestría en Historia Económica y otra en Política Económica, también en la UBA, y así como la escuchan diciendo que tener tanto de algo que nos sobra para vender es una maldición, es docente universitaria, analista económica en el sector público nacional y fue asesora de “Cuentas Nacionales” del Ministerio de Economía durante la gestión de Cosito Kicillof entre 2010 y 2015 y asesora en economía en el Congreso de la Nación. Cuando quieran saber por qué estamos como estamos, alcanza con recordar este sólo párrafo con el currículum de la diputada.
Cuando se habla de “batalla cultural” pocas veces se recuerda que una de las cosas en las que los argentinos estamos más flojos es en matemática y en economía. Somos un país anumérico, nos manejan las emociones, “votamos con el bolsillo” pero estamos lejísimo de entender el bolsillo. Creemos, todavía, como Juan Carlos Pugliese, que las duras ciencias económicas se manejan con el corazón (esta cita está puesta para que, si la entendió, el lector reconozca que es grupo de riesgo y se cuide del bicho que, recordemos, sigue dando vueltas).
Tanto no entendemos de economía, tan fácil presa de la mentira somos, que este sábado el diario “La Nación” publicó un estudio de Poliarquía Consultores en donde se afirma que uno de cada tres argentinos creen que la luz, el gas o el agua son impuestos, no servicios. Esto hace que uno de cada tres argentinos no pueda unir lo que paga por esos servicios con el costo de conseguir que lleguen hasta su casa. Considerar a los servicios como impuestos hace que si alguien sube esas tarifas es porque caca malo neoliberalismo, no porque haya todo un entramado de costos detrás que hacen que eso funcione.
Un tercio de los argentinos creen que la luz, el gas, el agua aparecen mágicamente y que el Estado tiene la obligación de dárselo barato. Pero además, un tercio de los argentinos, dice Alejandro Catterberg, responsable del estudio, “no paga ningún impuesto que sea mayor que su cuenta de luz o gas, o no lo sabe”. Esto es así, dice Catterberg, porque los impuestos en Argentina “están concentrados en una fracción minoritaria de la sociedad o están escondidos y se recaudan disimuladamente”. La conclusión es obvia: muy pocos pagan por muchos. Esos muy pocos no definen elecciones así que, ¿por qué un político populista haría esfuerzos para que esos pocos paguen menos?
Todo esto ocurre porque somos un país en donde en las universidades se enseña que tener mucho de algo para vender es una maldición. Y de ahí salen dirigentes, responsables de la fortuna o miseria de sus habitantes. ¿Se puede ser más claro?
A Argentina “le sobran” 30 millones de toneladas de maíz. Eso hace que el país tenga, para sus propios habitantes, uno de los precios más baratos del maíz del mundo. Estos datos están al alcance de cualquier persona que tenga acceso a internet, así que si Fernanda Cosa Vallejos o alguien en toda la estructura del Ministerio de Agricultura, alguno de los tantos los asesores, algunos de los tantos secretarios, alguno de los tantos ayudantes, el ministro mismo o cualquier otro empleado nuestro, alimentado con el dinero de los impuestos que salen, entre otros, de la venta de maíz al exterior, hubiesen googleado, se ahorraban el papelón.
Pero un progresista de ciudad escucha “mesa de los argentinos” y se le humedecen las partes, le produce un orgasmo que le impide pensar. Por eso ni tuvieron en cuenta que los mercados internacionales no son la clienta de la verdulería que si hoy no hay repollo viene mañana a ver si hay, pero es fiel al mismo mercadito porque conoce al verdulero de toda la vida y le tiene confianza, si cada tanto le regala una naranja y un recatado piropo.
Los mercados internacionales se manejan con un poco más de previsión y rigurosidad. Cuando apenas Argentina anunció que no permitía vender el maíz excedente, salieron corriendo los otros grandes productores de maíz, Estados Unidos, Brasil y Ucrania a ofrecer su producto, más caro porque Argentina no pensaba vender, o sea, la oferta mundial se achicaba y en mucho.
Si hay menos de algo, será más caro.
Y empezaron a pensar, los competidores de Argentina, que tal vez ésta era una señal: primero fue el maíz, quizás estos iluminados que quieren ser pobres sigan por el trigo o las carnes. Y, ni lerdos ni perezosos, nuestros competidores le mencionaron como al pasar a los compradores de Argentina: “Estos tipos de Argentina no son confiables, ya lo hicieron y lo van a volver a hacer, hoy un juramento, mañana una traición, mirá si otra vez deciden dejar de venderte sus productos; mejor comprame a mí que acá en este país que no es Argentina esa tal Fernanda Cosa Vallejos estaría atendiendo un kiosco, que no manejándolo y te aseguro que nunca, nunca vamos a hablar de la mesa de los ucranianos ni la mesa de los brasileros”.
Después, y justo a la hora en que comenzaba el paro de algunas organizaciones del campo, quejándose del desatino, el gobierno dio marcha atrás y aplicó una de sus políticas más preciadas, con la que maneja casi todas las variables de su gobernanza: “vamos viendo”.
El daño ya estaba hecho, claro.
Instaló la desconfianza porque mostró que a la política agropecuaria del gobierno le encanta hacer poesía y rimar “impericia” con “malicia” y confirmando eso de que el peronismo tiene todo el pasado por delante, trajo al escenario el recuerdo de 2006-2015 cuando con tanto desaliento a la inversión consiguieron menor producción y por lo tanto, como había menos de una cosa, esa cosa pasó a valer más. Aumento de precios. La desconfianza de los productores nacionales y los compradores internacionales se paga caro y, a pesar de que el populista cree que todo se arregla con un plan social, no hay IFE que arregle nada en el mercado internacional al que intentan escaparle una y otra vez, cada vez con más éxito.
El peronista, se sabe, es el único ser vivo que, si no tiene a mano la piedra con la que chocó, va a buscarla para volver a chocarla y así poder afirmar a los cuatro vientos: “¿viste? No es que la choqué porque no me di cuenta, la choqué porque quise porque pude y porque supe”.
Y bien, amigos, finalmente, a pesar de que lo intenté con todas las fuerzas, no pude convertir esta página en un simple entretenimiento. ¡Pucha!, como diría el que lleva a pasear a Dylan en helicóptero, ahora que el país está sereno.
Igual, para terminar, les dejo un acertijo con respuesta fácil: “¿Cuántos mayores de 60, verdadero grupo de riesgo, fueron vacunados hasta el día de hoy?”.
Ok, ya sé que será difícil encontrar algo divertido de acá a la temporada verano 23/24. Al menos le pido que valoren el intento, gracias.
