En la ciudad de Nueva York y a los 80 años murió el director de cine Joel Schumacher. Según declaraciones de su agente, el cineasta sufría de una grave enfermedad, de la cual fue diagnosticado hace un año.

Muchos estarán de acuerdo que el Batman de Christian Bale es tal vez el mejor de la industria y que no podemos decir lo mismo de Ben Affleck, pero nadie se va a atrever a poner en duda a los inolvidables, y ya hasta de culto Batman de Schumacher. Cuestionadas, amadas y odiadas, el director se puso al frente de no una, sino dos entregas del encapotado.

En el año 1995, Shumacher dirigió “Batman forever” con el protagónico de Val Kilmer (dicen que Michael Keaton la vio venir y se bajó del proyecto) y la participación de Nicole Kidman, Chris O’Donnell, Tommy Lee Jones y Jim Carrey. Pese a las pésimas críticas y el poco apoyo de la gente en la taquilla, fue nominada a tres premios de la Academia.
Dos años más tarde, llegaría “Batman y Robin”. Acá el que se bajó del proyecto fue Val Kilmer y el que entró fue George Clooney. Otros que se suman a esta historia son: Arnold Schwarzenegger, Alicia Silverstone y Uma Thurman. Considerada una de las peores películas, las culpas se repartieron entre el director y el estudio.

En una de sus últimas entrevistas al sitio Vulture, de la revista New York, Schumacher habló de todo y hasta confesó estar arrepentido de haber dirigido esas dos películas. Además dijo que la crítica era cruel con él porque no lo creían merecedor de éxito.
Pero Schumacher fue más que Batman y entre sus películas podemos encontrar a un Colin Farrell encerrado en una cabina telefónica en “Phone Booth” del año 2002, a Jim Carrey en un thriller de misterio y crimen en “The Number 23” y a Nicolas Cage que tiene que meterse en la industria del porno para resolver crímenes espantosos en “8mm”. Además tenemos títulos como “El fantasma de la Ópera” y “St. Elmo’s fire”.
Hacia el final de su carrera y uno de sus últimos trabajos, dirigió al polémico Kevin Spacey en la serie “House of cards”, que muestra lo peor de la política norteamericana.
Una gran pérdida para la industria cinemátografica que hereda grandes películas e historias inolvidables.
