Los números de la macroeconomía, según los especialistas, prevén un importante crecimiento para este año y el próximo, por lo menos. Al ocho por ciento de este año, se sumaría un crecimiento cercano a seis para el 2007, número que muchas economías envidiarían y ponen a la Argentina en una situación de expectativa importante. Los números, que suelen ser fríos reflejos de realidades, nos muestran entonces una oportunidad envidiable de provocar un quiebre importante en un país caracterizado, la mayoría de las veces en su historia, por el sufrimiento y la desesperanza.

    Argentina y nuestra provincia ya han perdido trágicamente otras oportunidades donde las coyunturas externas e internas se presentaban inmejorables para consolidar el país y transformarnos en una importante Nación. El gran desafío es no desaprovechar un nuevo momento histórico para transformarnos en ese país de promesa y futuro que nuestros abuelos vieron cuando, en la Europa de postguerra, la ilusión era llegar a este vergel de América del Sur.

   El momento económico parece óptimo, pero donde habrá que trabajar a destajo será, sin dudas, en el plano político, en la gestión de este momento inmejorable. Hoy, la política tiene una deuda interminable con esta sociedad y este país, pero también tiene una oportunidad inaudita –una vez más– de reconciliarse con los ciudadanos y demostrar que es capaz de gestionar el país a la altura de las circunstancias.