Me gusta el fútbol. Lo practiqué en mi juventud y era tan malo que me decían equipaje, porque maleta era poco. Después, con los años tuve el privilegio de integrar uno de los equipos locales menos gloriosos, se llamaba Perdón Pelé. Nuestra frase al llegar al vestuario era: “muchachos, que el fracaso no se nos suba a la cabeza”.

    Por lo tanto, me gusta el fútbol y todos los lunes hojeo el suplemento deportivo de los diarios y les confieso algo: no entiendo nada. Estoy más confundido que beduino en fábrica de paraguas, torneo local A, torneo local B, Nacional A, Metropolitano, Primera B: ¡eeeeehhh, loco! Paren la mano, esto parece un happening de pelotas, ¿cómo alguien entiende tanta información diseminada? Y los resultados están a la vista, en algunos partidos son más los jugadores que los espectadores.

    Por ahí leo: recaudación del partido 456 pesos o 23 pesos y dos gallinas. Así no hay finanzas de club que aguanten. Algunos socios le ponen empeño, pero eso no alcanza a cubrir los gastos mínimos. Por eso, la mayoría de los clubes están en bancarrota, debería decir simplemente rota, porque tienen rota hasta la banca.

    Me parece que hay que barajar y dar de nuevo en este asunto, porque si mueren los clubes,habrá de morir el fútbol, y yo sigo añorando aquella época en que había pocos torneos pero fuertes y hasta podíamos recitar de memoria la alineación de los equipos más conocidos. Al final, a Julio Grondona lo entiendo menos que a Mariano Grondona.