Mendoza es un desierto. El 2,5% de su territorio es oasis y en esa superficie se desarrolla la actividad económica y social de la provincia. Desde hace casi una década, los ríos dan cuenta sobre la crisis hídrica, por lo que los organismos que administran el agua sostienen la necesidad de realizar un uso eficiente del recurso de cara a este escenario de escasez, que llegó para quedarse. Entre las medidas que se realizarán se destaca a nivel poblacional la implementación de medidores para determinar el consumo en cada vivienda y, a nivel productivo, el cambio en los métodos de riego.
La escasez de la oferta del agua en la provincia se va a mantener o incluso a incrementar a través del tiempo. La disminución de las nevadas en alta montaña se traduce en menos agua en los ríos.
“De los últimos 10 años, siete de ellos registraron las temperaturas más elevadas de los últimos tiempos. Eso hace que, en el caso de los cultivos, haya mayor evapotranspiración y, por lo tanto, mayor consumo de agua”, contextualizó Sergio Marinelli, Superintendente del Departamento General de Irrigación.
En ese sentido, el crecimiento de la actividad económica, va a requerir más agua, mientras que en el caso de la población se producirá un mantenimiento o disminución de la oferta. Ante este escenario, la única salida es la eficiencia.
Medir, clave para el agua potable
Richard Battagion, presidente del Directorio de Aysam destacó que a partir del 2019 se implementará un sistema de micromedición a través de la instalación de medidores en los domicilios, lo que permitirá conocer el consumo de cada hogar y aquellos que excedan un estimado deberán abonar un extra.
Actualmente, se encuentran en proceso de licitación 160 mil medidores. Estas acciones se realizan en el marco del proyecto de agua no contabilizada que, en una primera etapa, se implementará en el Gran Mendoza y “abarca un universo de cerca de 240 mil conexiones. Hay un 10% que ya tiene la micromedición y este pedido va a complementar, dejando un margen de aquellas que no son sustentables de ser colocadas”, añadió el funcionario de Aysam.
Con respecto al diseño tarifario, Battagion destacó que se trataría de un costo fijo para el sostenimiento del sistema y luego se agregaría otra variable volumétrica según el consumo.
“Implementar una tarifa que sea más realista conlleva la necesidad de aplicar un sistema de micromedición para que, por la vía del ahorro, el consumidor pague un monto razonable, parecido al actual. De esta manera, no aumentan los ingresos de la empresa, pero sí disminuye la cantidad de agua producida”, afirmó.
Actualmente Aysam produce cerca de 550 litros por persona, por día. El consumo estimado es de 400 litros y existe una pérdida de 150 litros por roturas o clandestinidad. “Esos 400 litros por persona, por día, hay que llevarlos como máximo a 250 litros”, destacó el titular de Aysam.
A través de la micromedición se realizará un ajuste del derroche del consumo, ya que gran parte ocurre dentro de las viviendas y actualmente “es indetecatable”.
Además del proyecto de agua no contabilizada, desde Aysam se colocan sanciones por el mal uso. En septiembre, se realizaron 700 multas, en su mayoría por derroche de jardín (43%) y en vereda (32%).
Cambios en el paradigma de la administración del recurso hídrico
Del agua disponible en Mendoza, cerca del 93% es utilizada para la producción, alrededor del 5% poblacional y el resto, a su vez, se divide en otros usos (industrial, minero, etc). Ante este escenario, se pone el ojo sobre el uso productivo. Si bien, la tecnificación de los sistemas de riego es la solución más evidente, requiere una inversión a la que muchos productores no pueden hacer frente.
De todas formas, solo “cambiando la forma de regar, se puede mejorar hasta en un 10% y un 15% la eficiencia del riego intrafinca” destacó Marinelli.
En ese sentido añadió que el DGI trabaja en los ríos Atuel, Diamante y Mendoza, con 50 casos testigos, donde “se mide la humedad en las fincas, se indica al productor y se hace una recomendación sobre cómo tiene que regar y con qué cantidad de agua” ya que por un riego excesivo también se puede perder productividad.
Con el horizonte de la eficiencia, Irrigación cambió la forma de erogar desde los diques. En la actualidad, se tiene en cuenta la cantidad de cultivos hectáreas de cada tipo, el agua requerida por los mismos y en qué momento es demandada.
“Nuestra curva de erogación va copiando la de consumo de la cuenca, eso hace que se acerque más la posibilidad de achicar la brecha entre la necesidad de los cultivos y la pobreza de la oferta que tenemos”, explicó el Superintendente.
Los riegos acordado y a la demanda, son otras de las experiencias donde continuarán trabajando desde el DGI. Actualmente, se llevan a cabo en distintos puntos de la provincia y “con bastantes buenos resultados”. En ese sentido, Marinelli destacó que son los regantes los que le piden avanzar con estas medidas a fin de que puedan implementar mejoras en su forma de regar.

Luis Ravera es inspector de Cauce del canal Bajada de Araujo, en Lavalle. En esta zona se lleva adelante una de las experiencias de riego acordado. El productor destacó esta metodología para administrar el agua, que busca distribuirla en el momento y cantidad necesarios según el requerimiento del cultivo. En este sentido destacó que “es fundamental poder medir el agua”.
“Actualmente tenemos agua cada seis días, que es aproximadamente cuando la chacra la necesita, pero si surge algún inconveniente y es necesario regar entre turnos, podemos llevarlo a cabo porque contamos con el reservorio”, destacó Ravera.
A raíz de esta nueva forma de riego, el inspector destacó la curiosidad de los regantes, que “quieren ser más eficientes, porque saben que mejora su producción”.
Estas acciones se encuadran dentro del Plan de Sequía presentado recientemente en la Legislatura. La finalidad es prevenir y paliar los efectos de la sequía y entre sus principales lineamientos se destacan: la eficiencia, tecnificación, educación y calidad.
“El Plan de Sequía es importante, porque nos pone a todos los mendocinos de distintos sectores a reconocer el problema, a tratar de ser más eficientes para que alcance e incluso mejorar la oferta de agua”, enfatizó Marinelli.
