¡Eh, loco, cierren la puerta! Comenzó a escucharse nuevamente esta frase entre nosotros. Es que nos cacheteó una oleada de frío polar que modificó los hábitos que estábamos usando. Porque el otoño había sido hasta entonces una estación mansa y tranquila, con unos días tibios y querendones que invitaban a los paseos, a caminar algún trecho de paisaje y hasta enamorarse aún de la misma persona de la cual estábamos enamorados. Pero Pedro Mazza dijo, chicos, ya es suficiente templadez, vamos a ir metiéndonos lentamente en el invierno. Y entonces, ¡mamita! Temperaturas más bajas que el gobernador, vientito helado que te congela la nariz de tal manera que los estornudos salen con cubitos, el cielo con muchos cuchillos, cucharas y tenedores, es decir, un cielo cubierto. Y entonces, a buscar aliados. Las estufas se prendieron y se pusieron al máximo, y las mujeres comenzaron a poner su dorsalidad cerquita de las estufas, como hacen siempre. Los pulóveres y camperas comenzaron a funcionar sin previo aviso, y eso no es nada, las medias gruesas, las camisetas abrigadas y esos calzoncillos largos que usan los hombres, que pueden ser abrigados, no lo dudo, pero que estéticamente son un atentado al buen gusto. Tornaron las recomendaciones de las madres: “Nene, si vas a salir, llevate la campera”. La mamá del Té le dijo a su hijo: “Nene, si vas a salir, llevate el saquito”. El aliento que volvió a transformase en humito al salir de las bocas y las manos volvieron a buscar en los bolsillo algo de calor a falta de monedas. Algunos ya se acuestan con la bolsa de dormir, y no son pocos los líos de parejas encamadas cuando él mete sus pies fríos en las entibiadas piernas de ella. Baja el mercurio en los termómetros, no sé si en el agua de Mendoza, pero en los termómetros sí. Los pájaros cantan una canción y pico. Las bufandas tornan a su tarea de horcas benignas y en las cocinas se enseñorean los guisos caldudos. Llegó el frío, hermanas y hermanos. No le mezquine abrazo que sigue siendo la forma más bella de darse calor. Abunde en palabras cálidas y no deje de leer el diario, que nada más que la portada de cualquiera de ellos calienta a cualquiera.
Frío
Llegó el frío, hermanas y hermanos. No le mezquine abrazo que sigue siendo la forma más bella de darse calor. Abunde en palabras cálidas.
