Puntual, el omnibus de Andesmar dejó la calurosa ciudad de Mendoza antes de que sus cubiertas se derritieran en el asfalto. El clima vacacional se encendía a medida que los adolescentes iban ocupando sus asientos, reviviendo en pleno éxtasis su viaje de egresados. Actitud que contrastaba con los mayores que se codeaban advirtiendo que tales conductas juveniles no serían aceptadas por mucho tiempo más.

Los jóvenes eligieron como destino Reñaca, no tanto por su atractivo turístico, sino más bien porque en la temporada se convierte en colonia del divertimento mendocino.

En cambio, Viña es el punto de encuentro de familias, las cuales desean gastar menos y disfrutar de la tranquilidad del lugar.

La ocupación hotelera en Reñaca está a pleno, hoy se puede conseguir una habitación single en un hotel bueno por $45.000 chilenos, es decir cerca de $697, la noche. En cambio, en Viña los precios logran ser más accesibles y con posibilidades de encontrar alojamiento de la más diversa categoría, por $25.000 chilenos ($387), una habitación en hostel es la mejor opción.

Continuamos el viaje, y bajo la mirada severa del comisario de abordo, los pasajeros controlaron sus documentos. Cualquier incoveniente en la aduana causaría que el micro retornara. Luego, cumplir con los trámites burocráticos llenar la tarjeta única migratoria, asegurarse de que por naturistas ninguna fruta no se coló en el equipaje.

Por lo otro, ni preocuparse: es improbable sería que alguien exportara del país más de 10 mil dólares, en bolsillos cosidos desde hace tiempo por cepos y restricciones.

Finalmente, y tras esperar cuatro horas en la aduana, el viaje continuaría con los ánimos más calmados presos del sueño. El destino vacaciones nos recibió con un día gris, a la espera de más mendocinos para disfrutar del verano.